Los invitamos a leer este artículo interesante sobre las diferencias y similitudes entre el trastorno de la personalidad antisocial (TASP), el trastorno límite de la personalidad (TLP) y la psicopatía. Hemos agregado algunos comentarios en rojo, con más datos. Esperamos que sea de su interés:
Fuente: Apuntes de psicología
La psicopatía se clasifica como un trastorno diferenciado del trastorno de personalidad antisocial (TPAS) y del trastorno de límite de personalidad (TPL). A pesar de la alta superposición sintomática entre la psicopatía y otros trastornos de personalidad, sus consecuencias para la sociedad, justifican su estudio como entidad independiente.
...siga leyendo, haciendo click en el título...Si bien la trasgresión es la constante en la conducta psicopática, no necesariamente, será lo suficientemente grave como para ser catalogada de conducta criminal. Babiak y Hare (2006) han publicado en su estudio “Psicópatas de cuello blanco”, que son sujetos de un elevado coeficiente intelectual, y que generalmente ocupan posiciones laborales de poder.
Comentario: En nuestra cultura, la imagen del psicópata es aquella de alguien como Hannibal Lecter. Pero en realidad, muchos psicópatas sólo desean tener dinero, poder, fama o simplemente un buen carro. ¿Dónde van esos psicópatas? Por lo general, se dirigen hacia el mundo de las corporaciones. En el libro Snakes in Suits: When Psychopaths Go to Work [Serpientes vestidas de traje: cuando los psicópatas van al trabajo], Paul Babiak, un psicólogo de “organizaciones-industria” y Robert Hare, un experto en psicopatía, estudian a este tipo de psicópatas. El mundo de las corporaciones les atrae, un mundo moderno, abierto y más flexible, donde los altos riesgos equivalen a grandes ganancias. Dan a menudo la impresión de ser superestrellas y héroes de las corporaciones, pero pueden alienar a sus colegas y crear un alto grado de confusión en las compañías a las cuales pertenecen.
La psicopatía no constituye un fenómeno moderno, encontramos antecedentes a lo largo de toda la evolución de la humanidad. La literatura nos proporciona abundantes muestras de ella. A su vez, se trata del primer trastorno psiquiátrico descrito. Pinel (1745-1826) precisa que se trataría de una forma de manía sin déficit en las facultades cognitivas, pero con un severo daño en la capacidad afectiva, lo que constituye una de las características descriptivas del psicópata.
Su conducta aparenta locura, pero al examen mental, el sujeto aparece con sus facultades cognitivas intactas a pesar de su extrema frialdad emocional.
Diferencias entre TPAS, TPL, y Psicopatía:
Los Manuales Diagnósticos y Estadísticos de Trastornos Mentales como el DSM-IV y el CIE- 10 incluyen el diagnóstico de trastornos que explicarían la conducta antisocial. Plantea como criterios diagnósticos del trastorno de personalidad antisocial, un patrón de conducta despectiva hacia los derechos ajenos, que aparece alrededor de los 15 años, donde se da el fracaso para adaptarse a las normas sociales, deshonestidad, mitomanía, estafas por beneficio personal o por placer; impulsividad, irritabilidad y agresividad, despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás, falta de remordimiento.
El DSM-IV menciona la falta de remordimientos, pero no habla de la extrema frialdad del psicópata. La psicopatía no sólo se manifiesta, por lo criminal, como sería el TPAS, sino también por la carencia vincular, asociada a una incapacidad afectiva en su relación con los demás. El psicópata se relaciona siempre procurando su placer o la utilización del otro para el logro de sus metas, sin desarrollar vínculos afectivos reales. Su mundo afectivo está marcado por el utilitarismo y el pragmatismo en la consecución de sus metas. Una vez logradas, el otro será desechado o eliminado.
El trastorno límite de personalidad (TPL) es “una alteración persistente en la capacidad de manejar emociones, tolerar la soledad, mantener relaciones estables y confiadas y controlar los impulsos autodestructivos” (American Psychiatric Association, 1994; Gunderson, J., 1984) .Entre ellos se encuentran los esfuerzos para evitar el abandono, la inestabilidad en las relaciones interpersonales, impulsividad en a lo menos dos áreas (gastos, comida, sexual, abuso de sustancias, conducción temeraria y otras), automutilaciones y amenazas constantes de suicidio como conductas manipulatorias. Ideaciones paranoides y un constante sentimiento de vacío.
Entre las características sintomáticas que crean confusión diagnóstica entre el TPAS, la Psicopatía y el TPL, se encuentran los arrebatos explosivos de violencia física y verbal, la capacidad transgresora de los tres trastornos y una extraordinaria habilidad de manipulación. La incapacidad de regulación afectiva de este tipo de pacientes, es la causante de estas conductas. Aquí radica la diferencia con el trastorno psicopático, donde lo afectivo no está presente y los arrebatos de furia y violencia, son breves, sin razón aparente y seguidos por un descenso de la excitación fisiológica tal que no quedan rastros de esta alteración. Mientras que el paciente límite, permanecerá gravemente afectado, debiendo recurrir frecuentemente a medicación de emergencia seguido generalmente, de un período de sueño prolongado.
Si bien es cierto que conductualmente la psicopatía y el TPAS tienen superposición sintomática, la mayor parte de los delincuentes cumplen con los criterios del TPAS, pero no todos son psicópatas; pero, la mayoría de los psicópatas cumple con los criterios del TPAS. Existe un porcentaje de sujetos que jamás cometen delitos, pero que exhiben una amplia gama de características psicopáticas y que correspondería a 1% de la población general.
Comentario: Esta cifra varía según los autores. A. Lobacwewski habla de un 6%, mientras que M. Stout estima que la cifra oscila entre el 2 y el 4%.
Walsh, Swogger y Kosson (2005) señalan que es factible sugerir que los psicópatas se involucran en una violencia instrumental, premeditada y a sangre fría; mientras que las personas que sufren de un TPAS se traban en una violencia defensiva. En relación a la afectividad, el psicópata muestra una incapacidad de vinculación profunda, sus vínculos son superficiales y de corta duración, puede fingir las emociones en forma manipulatoria mientras le convenga o desee lograr algún fin, pero romperá con facilidad cualquier relación que haya establecido con total desprecio, incluso en el caso de relaciones con pares delictuales, no vacilará en acudir a la delación si eso le beneficia.
Tal vez usted es de aquellas personas que siendo niños -o aun de adulto- ha vivido en una familia de padres narcisistas [Ver más explicación]; o quizás es de aquellas personas que tiene o ha tenido en su vida (familia, trabajo, lugar de estudio, etc.) un encuentro o relación con un psicópata o un narcisista, un psicópata "compensado" o un sociópata violento [Ver más explicación]. Si usted intuye que es de alguna de aquellas personas, entonces ha llegado al lugar correcto.
Este blog le proveerá con información y links. Recolectaremos artículos que reflejan de mejor forma la historia y el estado del conocimiento de estos temas, así como material de investigación que esperamos sea útil en algunos asuntos que hasta ahora han permanecido en la oscuridad.
Este blog es la creación de un grupo de sobrevivientes, algunos de los cuales son profesionales en las áreas de la medicina, pero tenemos las intenciones de permanecer anónimos. No nos consideramos profesionales en psicología. Nuestra única intención es compartir nuestra investigación. Este blog no es acerca de nosotros, sino más bien, acerca de usted.
¿Es usted un sobreviviente de un encuentro o relación con un psicópata o narcisista? Está todavía esclavizado, comprometido en la lucha de vida o muerte?
Hay una salida.
Esperamos poder compartir con usted algunos de los secretos de escapar y sanar, de hacerse libres de esas características que hacen a los seres humanos normales víctimas ideales de personas con anomalías psicológicas que merodean nuestra sociedad; monstruos entre nosotros.
Una vez sabiendo lo que son, cuáles son sus debilidades y sus fortalezas, las técnicas que utilizan para paralizarle y drenarle de energía, una vez que sepa que no está loco/a y que sobre todo, no está solo/a, puede comenzar el proceso de vivir otra vez. ¡La mejor venganza es una vida buena y plenamente vivida!
Todo comienza con conocimiento; usted puede saber
http://psicopatia-narcisismo.blogspot.com/
NOTA IMPORTANTE: El equipo de este blog no necesariamente comparte ni promueve los puntos de vista y opiniones expresados en los artículos o comentarios publicados en este espacio. Nuestra única intención es compartir nuestra investigación y alentar a nuestros lectores a que también se informen acerca de los temas tratados, que lean sobre el tema en otras fuentes, y que busquen a un terapeuta si lo consideran necesario. Del mismo modo, nuestras opiniones no son más que eso, y rogamos no las tomen como un consejo profesional. Nada puede suplantarlo. Somos simples ciudadanos interesados en este tema, y no pretendemos tener todas las respuestas. Las estamos buscando, como muchos de ustedes. Para más información, los invitamos a leer Carta para nuestros lectores: próximos artículos
jueves 23 de abril de 2009
TPAS, TPL y psicopatía
miércoles 22 de abril de 2009
El psicópata: inhumano pero "cuerdo"
He aquí un artículo interesante sobre la psicopatía. Nótese que el autor aclara que la mayoría de los psicópatas no son violentos, como se asume normalmente, y que indica que el tratamiento psicológico puede ayudar a "controlar" las conductas más indeseables, pero, agregamos, esa no es una cura per se. El psicópata que nace con dicho trastorno no tiene cura.
Mauricio-José Schwarz
Diario Sur
No tienen remordimientos ni límites, no se sienten iguales a los demás, así son muchos asesinos que no están locos, ni legal ni médicamente.
Contra el sentido común
Esta idea de Leyton iba, ciertamente, en contra del sentido común. Alguien capaz de ocasionar un terrible dolor a otros, o incluso de causarles la muerte, de tratarlos, vivos o muertos, como objetos para su gratificación, sin jamás sentir compasión, identificación, empatía, amor, culpabilidad o emociones humanas sociales, nos parece sin duda un loco, un monstruo, un ser con algún grave desarreglo psiquiátrico, probablemente con alguna deficiencia o tara genética.
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Pero para el estudioso canadiense se trata fundamentalmente de un resultado del medio ambiente del psicópata. El resultado es aterrador: personas que no sienten vergüenza, sentido de la equidad, responsabilidad, que ven a los demás no como iguales, sino como objetos, cosas que pueden servirles para satisfacer sus deseos, pero a los cuales se puede igualmente matar o torturar por diversión, sin sentir cargo de conciencia alguno, sin restricciones ni freno, y además con capacidad para engañar a los demás y ocultarles esta falta de sentimientos.
El problema que presentan los asesinos en serie a la ciencia y a su sociedad es un ejemplo de los enormes huecos que nuestro conocimiento de la conducta, emociones, comportamiento y procesos mentales tiene, y que son mucho mayores que los datos certeros de que disponemos. Para algunos médicos y psicólogos, la sociopatía y la psicopatía son fenómenos distintos. Sin embargo, con muchos datos o pocos, la realidad práctica exige que se tomen decisiones como sociedad.
No todos son violentos
Según la revista 'Scientific American', es un error creer que todos los psicópatas sean violentos. Al contrario, la gran mayoría no lo son, mientras que muchas personas violentas no son psicópatas. De otra parte, la psicopatía puede beneficiarse de un tratamiento psicológico (que no psiquiátrico) que puede controlar las conductas más indeseables.
jueves 12 de febrero de 2009
El deseo de venganza
Esperamos que sea de su interés. Se trata de una respuesta que el Dr. Marietán escribió a uno de sus lectores. Pueden leer todo el intercambio haciendo click aquí.
[Nota: Al hablar de "complementario", Hugo Marietán se refiere básicamente a toda persona que convive con un psicópata. Para más información véase Los rasgos psicopáticos - Doctor Hugo Marietán.]
Hugo Marietan, febrero 2008
Estás a punto de caer en el error número tres de los que suelen caer los complementarios. El número uno es el intento de “curarlo” o ayudarlo a “superar” su psicopatía para que “cambie”. El número dos es matarlo, eliminarlo para siempre. Y el número tres es éste que presentas: la venganza. Hay otros, pero analizaremos éste.
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La venganza es un sentimiento generado por la presunción de que se ha cometido una injusticia. Algo que no debería haber pasado. Un abuso.
Se venga aquel que se considera una víctima.
La venganza se ejerce sobre aquel en que se había depositado una expectativa y no la cumplió o la cumplió mal. Alguien que nos ha decepcionado, pero por sobre todas las cosas, alguien que nos ha hecho daño. Que hemos sufrido por sus accionar injusto.
Ahora, la venganza incluye el pensar sobre lo dañino que ha pasado, y sobre su ejecutor.
También incluye todas las vueltas mentales para encontrar un medio, una forma, una ocasión, una circunstancia, para llevar a cabo la venganza.
Y a esto le sumamos toda la imaginación sobre cómo será el grado de daño sobre el que consideramos victimario.
Nuestra mente va girando sobre este tema una y otra vez. Rememoramos el hecho injusto, el ejecutor de acto, y las miles de posibilidades de resarcimiento.
¿Cómo hacerlo, cuándo, dónde?
Imaginar el efecto de nuestra venganza en el otro. Ver virtualmente su sufrimiento.
Podría extenderme mucho más sobre estos aspectos, pero sólo quiero marcar algo: pensar en vengarnos es pensar en el victimario.
Es tenerlo presente, re presentarlo a nuestra mente. Mantenerlo vivo. Ahuyentar el olvido. Dejar que la vieja herida siga sangrando, que nos siga doliendo todo aquello. Dejar que el pasado se siga enseñoreando en nuestro presente y que lo anule, que impida que disfrutemos el ahora por consagrarlo al pasado.
El costo afectivo es altísimo.
Nos consume.
Y todo esto referido a la venganza sobre personas “normales”, tal vez “malvados” pero “normales”.
Ahora pensemos en el psicópata. Cuando consideramos vengarnos del psicópata.
Y, como en el caso de esta carta, que queremos vengarnos, en tanto complementarios, de lo que nos hizo el psicópata.
Y aquí, aquellos que han seguido los conceptos de esta página, rápidamente se darán cuenta que los que nos hizo el psicópata es lo que le permitimos, como complementarios, que nos hiciera.
Que el tema de “víctima” no encaja en esta relación.
Ambos, psicópata y complementario, han participado para que se produjeran las acciones.
“Pero el psicópata se ha abusado”: es verdad.
“El psicópata me ha hecho sufrir”: es verdad.
“Me ha convertido en un ‘despojo’”: es verdad.
Pero todo eso ha ocurrido con el concurso del complementario.
“Pero yo no fui conciente de que iba a llegar a tanto”: es verdad.
“Estaba como enceguecido cuando pasaban estas cosas”: es verdad.
“Cuando me di cuenta, ya había pasado todo”: es verdad
Pero tú, complementario estabas ahí, y sufrías cuando el psicópata quería dejarte, y lo ibas a buscar, y perdonabas, y él repetía el perjuicio.
Y la relación perduraba.
Ese es un punto: no podemos hablar aquí de víctima, en el sentido estricto del término.
El otro punto es el siguiente:
Una vez que se logra romper el circuito psicopático, ya sea porque el psicópata abandona al complementario, o porque el complementario deja al psicópata por agotamiento, entonces hay que instrumentar el tratamiento para conseguir que el complementario no salga a buscar al psicópata y reanude el circuito.
Y se implementa el CONTACTO CERO.
Primero eliminando el percibir (ver, oír, tocar, oler) todo lo relacionado con el psicópata (no abundo en este tema por haberlo tratado en otros artículos).
Segundo educar al complementario sobre el tipo de relación en que estuvo.
Todas las medidas para fortalecer la autoestima, quebrar el aislamiento, rearmar el sistema de inserción laboral y social.
Tercero, y esto lleva más tiempo, conseguir el CONTACTO CERO MENTAL, que implica eliminarlo de la mente del complementario.
Es sabido, y esto está también escrito en otros trabajos, que el complementario busca cualquier excusa para contactarse con el psicópata o bien para mantenerlo en su mente. Y esa es la base por la que comente LOS ERRORES el complementario.
Y el tercero de ellos es pensar en LA VENGANZA, que es pensar en el psicópata, que es retenerlo en la mente, que es seguir girando alrededor del amo, que es seguir siendo complementario.
Y es, desde luego, ROMPER EL CONTACTO CERO, el factor válido para zafar del circuito psicopático.
Todos los días escucho a los consultantes que CLAMAN por vengarse del psicópata, que me muestran la INJUSTICIA que ha cometido con ellos. Incluso me dicen que ES UN DEBER SOCIAL denunciar al psicópata para que no dañe a otros.
Y es muy difícil para el terapeuta no sustraerse del factor esencial del tratamiento que es mantener el contacto cero. Y es difícil porque uno mismo, por empatía, ve la injusticia, el daño, el despojo en el complementario: lo tiene sentado frente a él.
Comprende la ira, el odio, el sentido de la violencia hacía el psicópata.
Pero debemos comprender que lo que está en juego es mucho más, muchísimo más que la satisfacción de la reivindicación. Está en juego la recuperación de una persona, el complementario que nos consulta, está en juego el sacarlo del circuito perverso, mantenerlo alejado del psicópata. El que recupere su sentido de valor como persona, el que pueda volver a la interacción con los “normales”.
Es por eso que debemos oponernos a la venganza que quiere implementar el complementario. Debemos advertirle de su autoengaño, que es otra de las artimañas de su “animalito” para volver a interactuar con el psicópata, esta vez con la pancarta de la justicia en lo alto.
La mayoría de los lectores que lean esta carta tan expresiva (expuesta más arriba), y sobre todo si leen previamente “Cuesta abajo: el complementario de la psicópata”, estarán de acuerdo en que hay que vengarse de semejante hija de p***. Y lo apoyarán. Pero nosotros, los terapeutas, no podemos entrar en ese juego, debemos estar firmes y luchar con todos nuestros recursos por mantener el contacto cero, recuperar al complementario y evitar que caiga en el error número tres.
Dr. Hugo Marietán, Buenos Aires, febrero de 2008
No olviden la analogía del gato y el ratón. El ratón aprende a alejarse de su predador, porque sabe que no le sirve de nada cobrar venganza y no pierde tiempo en intentarlo. Eso sólo sucede en los dibujos animados:-).
No subestimen el poder de un psicópata. La falta de empatía les otorga una fuerza que el resto de la gente no tiene. Son capaces de hacer el mal sin sentimiento de culpa alguno. Los demás no tenemos esa suerte. Una venganza nos consumiría y nos nos llevaría a nada, excepto a estar más atados psicológicamente a quien nos hirió.
Gracias por leer este blog, y hasta pronto, queridos lectores.
martes 10 de febrero de 2009
¿Su jefe es un psicópata? Este libro puede interesarle...
En dos de nuestros artículos (Blancanieves frente a su madrastra: el mobbing del narcisista contra su víctima y Qué tipos de trabajadores suelen resultar víctimas del psicópata organizacional) ya citamos a Iñaki Piñuel. Leyendo el artículo que leerán a continuación, acabamos de enterarnos de que recientemente ha publicado un libro, titulado Mi jefe es un psicópata. Aun no lo hemos leído, pero dada su descripción, parece ser muy interesante. Esperamos sus comentarios al respecto y prometemos los nuestros en cuanto hayamos adquirido una copia.
Mi jefe es un psicópata
Esta obra analiza la forma de pensar del moderno y actualísimo psicópata organizativo, quien se caracteriza por ser astuto, carismático y muy atractivo.

...siga leyendo, haciendo click en el título...
Un tipo generalmente encantador y seductor con una imagen inmejorable ante los demás, con una capacidad notable de llevar tanto a las personas como a las organizaciones al sufrimiento y al desastre. Son astutos, carismáticos, atractivos y dotados de habilidades sociales. Suelen producir una inmejorable primera impresión cuando se les conoce. Sin embargo, poco a poco, su lado oscuro comienza a emerger. Se muestran como lo que son en realidad: egoístas, narcisistas, iracundos, manipuladores e implacables.
El autor de la obra, Iñaki Piñuel, nos da una serie de pistas para poder reconocer y localizar a los psicópatas organizativos. Este tipo de personas suelen camuflarse bajo la apariencia de capacidades directivas positivas. Ello, junto a su insaciable ambición de poder, los convierte pronto en inmejorables candidatos a la promoción al mando y las posiciones directivas. Por ello, dentro de la organización hay que buscar al psicópata no tanto en la base de la pirámide, sino en posiciones de dirección alcanzadas gracias a sus patológicas características.
El sector público y las administraciones públicas son los lugares que ofrecen las características más idóneas para los psicópatas organizativos. El conocimiento de que el régimen sancionador lento, enrevesado y burocrático propio de la Administración les garantizará una impunidad y les atrae.
Por otra parte, tienden a ingresar en cuerpos y empresas muy jerarquizados donde la obediencia debida les permite desplegar y expansionar sus tendencias agresivas. Según el autor, la política es la profesión por excelencia del psicópata. Suelen ser profesionales muy mediocres que rápidamente se las arreglan para vivir del trabajo de otros a los que van a “parasitar” sin tener por ello ningún problema ético.
Además, suele tratarse de personas con una elevada capacidad para pasar los filtros y el test psicológico de los procesos de selección. Debido al éxito empresarial que les han procurado estas conductas perversas, muchos psicópatas obtendrán las mejores ofertas externas por parte de otras organizaciones a las que van a migrar, exportando a ellas el estilo de comportamiento inmoral y tóxico que tan buenos resultados les ha dado en la organización anterior.
Título: Mi jefe es un psicópata
Editorial: Alienta
Fecha de publicación: Enero 2008
Páginas: 222
Fuente: Alto Nivel
9 de febrero de 2009
lunes 9 de febrero de 2009
El talento de Mr. Madoff
Decididamente, los psicópatas se esconden en todos los sectores de la sociedad. Es nuestro deseo que más y más gente se informe acerca de este tema y pueda aprender a defenderse a tiempo. A modo de ejemplo, y para que nuestros lectores vean que la teoría sobre la psicopatía y el narcisismo puede ser demostrada con ejemplos de la vida real, los invitamos a leer el siguiente artículo, extraido del periódico La Gaceta, el 4 de febrero de 2009 (autores: J.C. y L.T.)
...siga leyendo, haciendo click en el título...Para algunos, Bernard Madoff era un hombre afable y carismático, pero tenía otra cara. Tranquilo, controlado y muy en sintonía con su imagen, hasta en los mínimos detalles. Aunque gestionaba miles de millones de dólares para particulares y fundaciones, evitaba las reuniones con la mayor parte de sus inversores, rodeándose de un aura que le hacía más deseable.
¿Quién era el Bernie Madoff real? Una respuesta fácil es que era un charlatán, un manipulador, pero algunos analistas le vinculan con criminales en serie. Se preguntan si podría haber robado sólo por el placer de hacerlo. “Algunas de las características de los psicópatas son la mentira, la manipulación, la capacidad de engañar, los sentimientos de grandiosidad y la crueldad hacia sus víctimas”, dice Gregg McCrary, ex agente especial del FBI.
Rasgos destructivos
McCray advierte que parece compartir muchos rasgos destructivos de un psicópata. “La gente como él se convierte en camaleón”, dice McCrary. “Saben lo que quieren las personas y se lo da”.
“Tuvo la inteligencia de comprender que cuanto más involucrado estás con los reguladores, más puedes influir”, añade una fuente. Incluso si estás muy cerca ellos, no van a estar vigilándote. “Era un hombre con una buena idea y un estupendo vendedor”, dice Charles Doherty, ex presidente del Midwest Stock Exchange.
Sus socios y otras personas relacionadas con él dicen que sus formas puntillosas a veces entraban en el comportamiento obsesivo-compulsivo. Pero los antiguos empleados y amigos dicen que esa obsesión nunca les llevó a pensar que tuviera problemas.
J. Reid Meloy, un psicólogo forense, ve semejanza entre la confianza que destilaba Madoff y la de algunos criminales que ha estudiado. “Las personalidades psicópatas no temen que les capturen”, explica.
Asesino en serie
Todo esto ha llevado a algunos expertos en Psicología a establecer algunas similitudes entre él y los asesinos en serie como Ted Bundy. “Bundy asesinaba a gente. Madoff asesinaba cuentas bancarias”, asegura.
Como Bundy, Madoff usaba una mente aguda y un temperamento afable para crear un personaje que no existía. McCrary afirma que estos individuos creen que están por encima de la ley, “pero el talón de Aquiles es su sentido de la impunidad”.
Si Madoff engañó a los reguladores durante años, debió ser una experiencia “embriagadora”, dice McCrary.
A medida que los investigadores se zambullen en décadas de documentos sobre sus inversiones, intentando descifrar si Madoff estaba involucrado en algo más que una trampa financiera, sus amigos siguen atónitos. “Era un héroe para nosotros”, dice Diana Goldberg, que tomaba el tren con Madoff para ir a clase al Far Rockway High School de Nueva York. “Ahora, el héroe se ha desvanecido”.
Madoff pasó sus primeros años de vida en Laurelton, un enclave judío. “Un lugar idílico para crecer”, rememora Vera Gitten, que asistía a la escuela primaria con Madoff, a quien recuerda como buen estudiante y sociable.
Tras graduarse de la escuela secundaria en 1956, Madoff pasó un año en la Universidad de Alabama.
Doce meses más tarde se trasladó a Hofstra University en Nueva York, donde en 1960 se graduó en Ciencias políticas. Madoff pasó el año siguiente en la Brooklyn Law School de Nueva York estudiando Derecho y dirigiendo su negocio de aspersores. Dejó la facultad y, empleando 5.000 dólares ahorrados, entró en el mundo de los inversores de Wall Street.
domingo 8 de febrero de 2009
"Los políticos suelen aferrarse al poder como psicópatas"
"Los políticos suelen aferrarse al poder como psicópatas"
Por Laura Di Marco
"Los políticos de fuste generalmente son psicópatas, por una sencilla razón: el psicópata ama el poder. Usa a las personas para obtener más y más poder, y las transforma en cosas para su propio beneficio. Esto no quiere decir, desde luego, que todos los políticos o todos los líderes sean psicópatas, ni mucho menos, pero sí que el poder es un ámbito donde ellos se mueven como pez en el agua."
...siga leyendo, haciendo click en el título...
El que lo dice es el médico psiquiatra Hugo Marietán, uno de los principales especialistas argentinos en psicopatía y referencia obligada para aquellos que les ponen la lupa a estas personalidades atípicas, que no necesariamente son las que protagonizan hechos policiales de alto impacto.
Porque, precisamente, la alusión no se dirige a los asesinos seriales al estilo de Hannibal Lecter, el perturbado psiquiatra de El silencio de los inocentes, sino a aquellas personalidades que Marietán define como los "psicópatas cotidianos". Personalidades especiales, pero que no sólo se adaptan perfectamente al medio, sino que también suelen estar a nuestro alrededor sin mayores estridencias. Y más aún: muchos suelen llegar a la cima económica, política y del reconocimiento social.
Lo novedoso en la definición que hace Marietán, miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatría y considerado una autoridad en su especialidad, es que el psicópata no es un enfermo mental, sino una manera de ser en el mundo. Es decir: una variante poco frecuente del ser humano que se caracteriza por tener necesidades especiales. El afán desmedido de poder, de protagonismo o matar pueden ser algunas de ellas. Funcionan con códigos propios, distintos de los que maneja la sociedad, y suelen estar dotados para ser capitanes de tormenta por su alto grado de insensibilidad y tolerancia a situaciones de extrema tensión.
En la psicopatía, señala este experto, no hay "tipos", sino grados o intensidades diversas. Así, el violador serial sería un psicópata más intenso o extremo que el cotidiano, pero portador de la misma personalidad.
A los 57 años, es docente en la Universidad de Buenos Aires, codirector de la revista de neuropsiquiatría Almaceón y coordinador del portal español psiquiatria.com . A partir de la década del 80, trabajó en los hospitales Moyano, Esteves y Borda, donde dirigió cursos de semiología psiquiátrica. Su página en Internet ( www.marietan.com ) es de referencia constante en los estudios sobre psicopatía.
Según explica en la entrevista con LA NACION, hay un tres por ciento de la población con características psicopáticas. Es decir, 1.200.000 personas en la Argentina. "La relación es de tres varones por cada mujer. Son 300.000 damas y 900.000 caballeros. ¿Por qué más hombres? Sospecho que es porque la mujer utiliza su poder en el ámbito de la casa", dice.¿Cómo distinguir un político psicópata del que no lo es?
Una característica básica del psicópata es que es un mentiroso, pero no es un mentiroso cualquiera. Es un artista. Miente con la palabra, pero también con el cuerpo. Actúa. Puede, incluso, fingir sensibilidad. Uno le cree una y otra vez, porque es muy convincente. Un dirigente común sabe que tiene que cumplir su función durante un tiempo determinado. Y, cumplida su misión, se va. Al psicópata, en cambio, una vez que está arriba, no lo saca nadie: quiere estar una vez, dos veces, tres veces. No larga el poder, y mucho menos lo delega. ¿Quizás usted recuerde a alguno así? Otra característica es la manipulación que hace de la gente. Alrededor del dirigente psicópata se mueven obsecuentes, gente que, bajo su efecto persuasivo, es capaz de hacer cosas que de otro modo no haría.¿Como bajo el efecto de un hechizo, dice usted?
Son gente subyugada, sí, e incluso puede ser de alto nivel intelectual. Este tipo de líderes no toman a los ciudadanos como personas con derechos: los toman como cosas. Porque el psicópata siempre trabaja para sí mismo, aunque en su discurso diga todo lo contrario. La gente es un mero instrumento. Carece de la habilidad emocional de la empatía, que es la capacidad de cualquier persona normal de ponerse en el lugar del otro. Las "cosas", para el líder político con estas características, tienen que estar a su servicio: personas, dinero, la famosa caja, para comprar voluntades. Utilizan el dinero como un elemento de presión, porque usan la coerción. La pregunta del accionar psicopático típico es: ¿cómo doblego la voluntad del otro? ¿Con un cargo, con un plan, con un subsidio? ¿Cómo divido?¿El clientelismo político es, según usted, una forma de cosificación?
Sí, porque es un "yo te doy, pero vos me devolvés, venís a tal o cual acto, me respondés como yo te pido". No es un dar desinteresado ni movido por la sensibilidad de querer ayudar a quien no tiene. Es un uso de las personas para construir el propio poder.Eso está claro, pero ¿qué lo definiría como un acto psicopático?
Que le está quitando a la gente la capacidad de elegir. El psicópata siempre nos deja sin opciones: la gente que manipula está en una desventaja económica tal que no tiene otra salida: o como y lo sigo o no lo sigo y no como. La libertad de las personas es la capacidad de tener alternativas.¿El líder psicópata sabe que trabaja para él o cree realmente luchar por una causa superior?
Es muy difícil entrar en su cabeza. Tienen una lógica muy distinta. Sin embargo, lo crea o no, la bandera que utiliza siempre es suprapersonal, más allá, incluso, de este momento. Esto se ve bastante, también, en líderes religiosos psicópatas, que apelan a la salvación del más allá. Otras banderas pueden ser la apelación al hombre nuevo, el proyecto nacional, la liberación, la raza superior, la Nación, la patria. El psicópata siempre necesita buscar un enemigo, para aglutinar. Y, por supuesto, nunca va a decir: "Vamos a trabajar para mí".¿Qué sucede con este tipo de políticos en períodos normales, sin crisis agudas?
Bueno, ahí viene el problema, porque el psicópata no se adapta a la tranquilidad. El necesita la crisis. Ser reconocido como salvador. En la paz, él no tiene papel. No la soporta. Por eso las sociedades lideradas por políticos de estas características viven de crisis en crisis.¿Y este líder no puede cambiar? ¿Aprende de sus errores?
No. Siempre es igual a sí mismo: la psicopatía es una estructura que no cambia.Hasta ahora, los está pintando como seres indestructibles, pero algún talón de Aquiles deben tener. ¿Cuál es ese punto débil?
La frustración de sus plantes. Cuando apuestan por un proyecto, ponen todo en él y no les sale. Ahí, el psicópata se desorganiza y empieza a hacer pavadas. Es una personalidad controladora. Por eso en el momento de la frustración puede tener actitudes absolutamente toscas, torpes. Y en este punto, la gente ve que hace macanas, una detrás de otra, y empieza a quebrarse esa unidad, que consiguió con su persuasión.Usted dice que se aferran al poder y que es muy difícil sacarlos. ¿Alguna sugerencia?
Bueno, hacen falta un montón de líderes de los comunes, normales, o bien otro psicópata pesado que se le contraponga. Entre muchos logran sacar al dirigente psicópata, o, al menos, reducir su poder. Otra cosa es aprender a no elegirlos. El psicópata necesita desestabilizar siempre las cosas, aquí y allá. Por eso necesita fabricar crisis. Si uno va entendiendo cómo es su mecanismo, los puede distinguir y votar por otros líderes, que pueden ser muy carismáticos, incluso, pero no psicopáticos.Si algún político psicópata llegara a leer esta entrevista, ¿se reconocería como tal?
Por supuesto que no. Terminará de leer y les dirá a sus interlocutores: ¡qué barbaridad; cuántos psicópatas hay dando vueltas por el mundo!
El personaje
HUGO MARIETAN
Médico psiquiatra
Edad: 57 años.
Graduado: en la UBA.
Médico y profesor: trabajó desde 1982 en los hospitales Moyano y Borda. Dicta cursos de grado y posgrado.
Escritor: es autor de trabajos académicos ( Sol negro: un psicópata en la familia , Descriptor de psicopatía) y también de obras de teatro y novelas.
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viernes 6 de febrero de 2009
Mujeres que aman demasiado
Pero antes, algunas observaciones:
Creemos que este libro contiene información importante tanto para mujeres y hombres que siguen cometiendo los mismos errores como para aquéllos que después de una experiencia dolorosa sienten que desconfían de todas las personas del sexo opuesto, y que no podrán volver a creer en nadie.
Si bien el libro está destinado a las mujeres, muchos hombres que han sufrido relaciones dolorosas podrán beneficiarse al leerlo, ya que seguramente compartan algunas de las características descritas. La autora también cita ejemplos de hombres que aman demasiado, o de diferentes heridas que determinan la incapacidad de amar de manera sana en la edad adulta.
Este libro podrá ayudarnos a tomar responsabilidad acerca de nuestras propias debilidades, y a trabajar para no volver a caer en las mismas trampas. Cuando más se conozca una persona a sí misma, mejor sabrá elegir lo que necesita, y más objetiva será en cuanto a lo que tiene para ofrecer.
Otro punto muy positivo es el modo en que Robin Norwood establece una relación directa entre la infancia y el tipo de relación que solemos buscar. El drama se repite una y otra vez, pero somos incapaces de liberarnos porque es el único modelo de amor que conocemos. La manera de hacerlo es atreviéndonos a realizar una recapitulación. Si queremos “dar vuelta la página”, primero tenemos que ser capaces de VER la página se encuentra delante de nuestros ojos. Quien ignore el pasado, lo repetirá. Duele verlo, pero más duele vivir dominado por éste.
Habiendo señalado aquellos puntos que nos parecen más rescatables en esta obra, cabe mencionar ahora que la autora parece desconocer o ignorar simplemente en el libro la existencia de la psicopatía y otras patologías graves. En la mayoría de casos que describe, se trata de hombres y mujeres víctimas del narcisismo familiar. Algunos deciden salir adelante, mientras que otros no pueden deshacerse de su pasado. Pero debemos tener en cuenta que en algunos casos, la patología es tan importante, que nada que la mujer haga salvará a su pareja, y que la única solución es alejarse y aprender a protegerse. Les recomendamos seguir leyendo los otros artículos de nuestro blog para tener este tema presente durante la lectura, y no caer en la lástima por sus opresores. Y sobre todo, tomar lo que dice con pinzas y un juicio lo más objetivo posible de su situación personal.
Del mismo modo, algunas de las características de las "mujeres que aman demasiado" no siempre son nefastas en una relación, y simplemente indican que una persona tiene buenos sentimientos y es capaz de sentir empatía. Por lo tanto, no siempre debemos suprimir ciertos rasgos de nuestra personalidad, sino aprender a compartirlos con quienes se los merecen.
Por último, la autora estudió muchos casos de alcoholismo, y propone grupos de autoayuda del estilo de Alcohólicos Anónimos. El problema es que, si bien pueden ayudarle a uno a compartir su historia y a ver que no está solo, muchas veces no cuentan con profesionales entendidos en el tema de la psicopatía. Entonces, existe cierto riesgo en el hecho de tomar a estos grupos como la única salida. Cada persona debe encontrar una combinación de factores que lo ayuden. Por ejemplo, terapia, un grupo de autoayuda, lecturas, charlas con seres queridos, etc.
Sin más comentarios, les deseamos una lectura enriquecedora y crítica.
[Nota: Entre corchetes colocamos comentarios o notas resumidas. El resto del texto es una copia exacta del original. Y recordamos a todos citar siempre a la autora cuando compartan estos fragmentos con otras personas. ]
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PrólogoSi usted alguna vez se vio obsesionada por un hombre, quizás haya sospechado que la raíz de esa obsesión no era el amor sino el miedo. Quienes amamos en forma obsesiva estamos llenas de miedo: miedo a estar solas, miedo a no ser dignas o a no inspirar cariño, miedo a ser ignoradas, abandonadas o destruidas. Damos nuestro amor con la desesperada ilusión de que el hombre por quien estamos obsesionadas se ocupe de nuestros miedos. […]
No pretendo implicar que las mujeres sean las únicas que aman demasiado. Algunos hombres practican esta obsesión con las relaciones con tanto fervor como podría hacerlo una mujer, y sus sentimientos y conductas provienen de la misma dinámica y las mismas experiencias infantiles. Sin embargo, la mayoría de los hombres que han sido dañados en la niñez no desarrollan una adicción a las relaciones. Debido a una interacción de factores biológicos y culturales, por lo general tratan de protegerse y evitar el dolor mediante objetivos más externos que internos, más impersonales que personales. Tienden a obsesionarse por el trabajo, los deportes, o los hobbies, mientras que la mujer, debido a las fuerzas biológicas y culturales que la afectan, tiende a obsesionarse con una relación, tal vez con un hombre así dañado y distante. […]
Espero que, a todas ustedes que aman demasiado, este libro las ayude a cobrar mayor conciencia de la realidad de su situación, pero que también las aliente a empezar a cambiarla, reencauzando su afecto, no hacia su obsesión por un hombre, sino hacia su propia recuperación y su propia vida.
[…]
No hay atajos para salir del patrón de amar demasiado en el que usted está atrapada. Es un patrón aprendido a temprana edad y muy bien practicado, y el hecho de abandonarlo será temible, amenazador y un constante desafío. Con esta advertencia no pretendo desalentarla. Después de todo, si usted no cambia su patrón de relaciones, sin duda se enfrentará a una lucha en los años venideros. Pero en ese caso, su lucha no será por crecer sino simplemente por sobrevivir. Si elige iniciar el proceso de recuperación, dejará de ser una mujer que ama a alguien ―con tanta intensidad que resulta doloroso― para pasar a ser una mujer que se ama a sí misma lo suficiente para detener el dolor.Capítulo 1
Amar al hombre que no nos ama<A pesar de los detalles específicos de sus historias y luchas, ya sea que hayan soportado una larga y difícil relación con un solo hombre o se hayan visto involucradas en una serie de relaciones infelices con muchos hombres, las mujeres que aman demasiado comparten un perfil común. Amar demasiado no significa amar a demasiados hombres, ni enamorarse con demasiada frecuencia, ni sentir un amor genuino demasiado profundo por otro ser. En verdad, significa obsesionarse por un hombre y llamar a esa obsesión “amor”, permitiendo que ésta controle nuestras emociones y gran parte de nuestra conducta y, si bien comprendemos que ejerce una influencia negativa sobre nuestra salud y nuestro bienestar, nos sentimos incapaces de librarnos de ella. Significa medir nuestro amor por la profundidad de nuestro tormento.
[…] Todos tenemos fuertes reacciones emocionales ante palabras como ‘alcoholismo’, ‘incesto’, ‘violencia’ y ‘adicción’, y a veces no podemos mirar nuestra vida con realismo porque tememos que nos apliquen esos rótulos a nosotros o a los que amamos. Es triste, pero nuestra incapacidad de usar las palabras cuando sí son aplicables a menudo nos impide conseguir ayuda adecuada. Por otro lado, esos temidos rótulos pueden no ser aplicables en su vida. Es probable que en su niñez haya tenido problemas de naturaleza más sutil. […] Es importante entender que lo que todas las familias disfuncionales tienen en común es la incapacidad de discutir problemas de raíz. Quizás haya otros problemas que sí se discuten, a menudo hasta el punto de saturación, pero con frecuencia estos encubren los secretos subyacentes que hacen que la familia sea disfuncional. Es el grado de secreto ―la incapacidad de hablar sobre los problemas―, más que la severidad de los mismos, lo que define el grado de disfuncionalidad que adquiere una familia y la gravedad del daño provocado a sus miembros. […] En las familias disfuncionales, los aspectos principales de la realidad se niegan, y los papeles permanecen rígidos.
[…] aprendemos a no creer en nuestras propias percepciones o sentimientos. Como nuestra familia niega la realidad, nosotros también comenzamos a negarla. […] Nos volvemos incapaces de discernir cuándo alguien o algo no es bueno para nosotros. Las situaciones y la gente que otros evitarían naturalmente por peligrosas, incómodas o perjudiciales no nos repelen, porque no tenemos manera de evaluarlas en forma realista o autoprotectora. No confiamos en nuestros sentimientos, ni los usamos para guiarnos. […] Y por medio de esa atracción nos dañamos más, porque gran parte de aquello hacia lo cual nos vemos atraídas es una réplica de lo que vivimos mientras crecíamos.
Las siguientes son características típicas de las mujeres que aman demasiado:
1. Típicamente, usted proviene de un hogar disfuncional que no satisfizo sus necesidades emocionales.
[Las necesidades emocionales comprenden la necesidad de recibir amor y atención, pero también la de sentir que nuestras percepciones y sentimientos son reconocidos. Si nuestra familia los ignora o los niega en lugar de aceptarlos y valorarlos, nuestra psique puede recibir un daño muy profundo.] La necesidad de afecto también puede ser negada o satisfecha en forma suficiente.[…] Eso hace que la niña sienta hambre de amor y, al mismos tiempo, no sepa cómo confiarlo o aceptarlo y se sienta inmerecedora de él.
[…] los hogares disfuncionales son aquellos en los que se dan uno o más de los rasgos siguientes:
• Abuso de alcohol y/u otras drogas.
• Conducta compulsiva como, por ejemplo, una forma compulsiva de comer, de trabajar, limpiar, jugar, gastar, hacer dieta, hacer gimnasia, etc. […] alteran y evitan el contacto sincero y la intimidad en una familia
.
• Maltrato del cónyuge y/o de los hijos.
• Conducta sexual inapropiada por parte de uno de los progenitores para con un hijo o hija, desde seducción hasta incesto.
• Discusiones y tensión constantes.
• Lapsos prolongados en que los padres se rehúsan a hablarse.
• Padres que tienen actitudes o principios opuestos o que exhiben conductas contradictorias que compiten por la lealtad de sus hijos.
• Padres que compiten entre sí o con sus hijos.
• Uno de los progenitores no puede relacionarse con los demás miembros de la familia y por eso les evita activamente, al tiempo que les culpa por esa efusividad.
• Rigidez extrema con respecto al dinero, la religión, el trabajo, el uso del tiempo, las demostraciones de afecto, el sexo, la televisión, el trabajo de la casa, los deportes, la política, etc. Una obsesión por alguno de esos temas puede impedir el contacto y la intimidad, porque el énfasis no se coloca en relacionarse sino en acatar las reglas.
[…] Con frecuencia, los padres también se equilibran mutuamente en formas dañinas [por ejemplo, cuando una madre abrumadora y sobreprotectora está casada con un padre irascible que tiende al rechazo].
2. Habiendo recibido poco afecto, usted trata de compensar directamente esa necesidad insatisfecha proporcionando afecto, especialmente a hombres que parecen, de alguna manera, necesitados.
Nos vemos atraídas hacia los necesitados; nos identificamos con compasión con su dolor y tratamos de aliviarlos para poder disminuir el nuestro. El hecho de que los hombres que más nos atraen sean aquellos que parecen necesitados tiene sentido si entendemos que la raíz de esa atracción es nuestro propio deseo de ser amadas.
Un hombre que nos atraiga no necesariamente tiene que estar en bancarrota o tener mala salud. Quizás sea incapaz de relacionarse bien con los demás, o puede ser frío y desenamorado, obstinado o egoísta, malhumorado o melancólico. Tal vez sea un poco rebelde e irresponsable, o incapaz de comprometerse o de ser fiel. […] Pero sin duda respondemos, con la convicción de que ese hombre necesita nuestra ayuda, nuestra compasión y nuestra sabiduría para mejorar su vida.
3. Debido a que usted nunca pudo convertir a su(s) progenitor(es) en los seres atentos y cariñosos que usted ansiaba, reacciona profundamente ante la clase de hombres emocionalmente inaccesibles a quienes puede volver a intentar cambiar, por medio de su amor.
(…) no nos atraen los hombres sanos que podrían darnos lo que necesitamos. Nos parecen aburridos. Nos atraen los hombres que reproducen la lucha que soportamos con nuestros padres, cuando tratábamos de ser lo suficientemente buenas, cariñosas, dignas, útiles e inteligentes para ganar el amor, la atención y la aprobación de aquellos que no podrían darnos lo que necesitábamos, debido a sus propios problemas y preocupaciones. Ahora funcionamos como si el amor, la atención y la aprobación no tuvieran importancia a menos que podamos obtenerlos de un hombre que también es incapaz de dárnoslos, debido a sus propios problemas y preocupaciones.
4. Como la aterra que la abandonen, hace cualquier cosa par evitar que una relación se disuelva.
Todas las mujeres que aman demasiado han experimentado por lo menos un profundo abandono emocional con todo el terror y el vacío que eso implica. […] Claro que haríamos cualquier cosa por evitar sentir eso otra vez.
5. Casi ninguna cosa es demasiado problemática, tarda demasiado tiempo o es demasiado costosa si “ayuda” al hombre con quien usted está involucrada.
[…] llegaremos a cualquier extremo para ayudarlo a él. […]
• Comprarle ropa para mejorar la imagen que tiene de sí mismo.
• Encontrarle un terapeuta y rogarle que vaya a verlo.
• Financiar hobbies costosos para ayudarlo a aprovechar mejor su tiempo.
• Soportar perturbadoras reubicaciones geográficas porque “él no es feliz aquí”.
• Darla la mitad o el total de nuestras propiedades y posesiones para que no se sienta inferior a nosotras.
• Proporcionarle un lugar donde vivir para que se sienta seguro.
• Permitir que abuse de nosotras emocionalmente porque “antes nunca le dejaron expresar sus sentimientos”.
• Encontrarle empleo.
6. Acostumbrada a la falta de amor en las relaciones personales, usted está dispuesta a esperar, conservar esperanzas y esforzarse más para complacerlo.
[…] Vivimos con la esperanza de que mañana será diferente. Esperar que él cambie en realidad es más cómodo que cambiar nosotras y nuestra propia vida.
7. Está dispuesta a aceptar mucho más del cincuenta por ciento de la responsabilidad, la culpa y los reproches en cualquier relación.
A menudo aquéllas que provenimos de hogares disfuncionales tuvimos padres irresponsables, inmaduros y débiles. Crecimos con rapidez y nos convertimos en adultas mucho tiempo antes de estar listas para la carga que suponía ese papel. Pero también nos complacía el poder que nos complacían nuestra familia y los demás. Ahora, como adultas, creemos que depende de nosotras hacer que las relaciones funcionen bien, y a menudo formamos equipo con hombres irresponsables que nos culpan y contribuyen a nuestra sensación de que todo realmente depende de nosotras. Somos expertas en llevar esa carga.
8. Su amor propio es críticamente bajo, y en el fondo usted no cree merecer la felicidad. En cambio, cree que debe ganarse el derecho de disfrutar la vida.
[..] creemos que albergamos terribles defectos o fallas y que debemos hacer buenas obras para compensarlos. Vivimos sintiéndonos culpables por tener esas deficiencias y temerosas de que nos descubran. Nos esforzamos mucho en tratar de parecer buenas, porque no creemos serlo.
9. Necesita con desesperación controlar a sus hombres y sus relaciones, debido a la poda seguridad que experimentó en la niñez. Disimula sus esfuerzos por controlar a la gente y las situaciones bajo la apariencia de “ser útil”.
[Al ser criada en una familia disfuncional] no puede contar con las personas de las que depende porque están demasiado enfermas para protegerla. De hecho, a menudo esa familia constituye una fuente de amenazas y daños más que la fuente de seguridad y protección que ella necesita. […] Al ser fuertes y útiles para los demás nos protegemos del pánico que surge al estar a merced de otro. Necesitamos estar con gente a quien podamos ayudar, a fin de sentirnos seguras y bajo control.
10. En una relación, está mucho más en contacto con su sueño de cómo podría ser que con la realidad de la situación.
[…] Dado que sabemos tan poco cómo es ser feliz en una relación y tenemos muy poca experiencia en el hecho de que alguien a quien queremos satisfaga nuestras necesidades emocionales, ese mundo de ensueño es lo máximo que nos atrevemos a acercarnos para tener lo que queremos.
Si ya tuviéramos a un hombre que fuera todo lo que quisiéramos, ¿para qué nos necesitaría? Y todo ese talento (y compulsión) para ayudar no tendría dónde operar. Una parte importante de nuestra identidad estaría desempleada. Por eso elegimos a un hombre que nos es lo que queremos… y seguimos soñando.
11. Es adicta a los hombres y al dolor emocional.
[…] Una relación adictiva se caracteriza por un deseo de tener la presencia tranquilizadora de otra persona. […] El segundo criterio es que disminuye la capacidad de una persona para prestar atención a otros aspectos de su vida y para ocuparse de los mismos.
Usamos nuestra obsesión por los hombres a quienes amamos para evitar nuestro dolor, vacío, miedo y furia. […] Una relación verdaderamente horrible cumple para nosotras la misma función que una droga fuerte. No tener un hombre en quien concentrarnos es como suspender el consumo de una droga, a menudo con muchos de los mismos síntomas físicos y emocionales que acompañan la verdadera suspensión de una droga. […] En un esfuerzo por aliviar esos síntomas, volvemos a nuestra última pareja o buscamos una nueva con desesperación.
12. Es probable que usted esté predispuesta emocionalmente y, a menudo, bioquímicamente, para volverse adicta a las drogas, al alcohol y/o a ciertas comidas, en particular los dulces.
13. Al verse atraída hacia personas que tiene problemas por resolver, o involucrada en situaciones que son más caóticas, inciertas y emocionalmente dolorosas, usted evita concentrarse en su responsabilidad para consigo misma.
[…] A menudo no sabemos en realidad quiénes somos, y el hecho de estar enredadas en problemas dramáticos nos impide tener que detenernos a averiguarlo. […] Podemos llorar y gritar y aullar. Pero no somos capaces de usar nuestras emociones para guiarnos en la tarea de tomar las decisiones necesarias e importantes en nuestra vida.
14. Es probable que usted tenga una tendencia a los episodios depresivos, los cuales trata de prevenir por medio de la excitación que le proporciona una relación inestable.
[…] [La sensación de euforia va acompañada de cantidades inusualmente altas de adrenalina.] Si usted es alguien que lucha contra la depresión, inconscientemente buscará situaciones que la mantenga excitada […] a fin de mantenerse demasiado eufórica para deprimirse.
[…] Si usted proviene de una familia alcohólica, tiene doble probabilidad de tener problemas de depresión, debido a su pasado y a su herencia genética. Es irónico, pero la excitación de una relación con alguien que padezca esa enfermedad puede ejercer una fuerte atracción en usted.
15. No la atraen los hombres que son amables, estables, confiables y que se interesan por usted. Esos hombres “agradables” le parecen aburridos.
El hombre inestable nos resulta excitante; el hombre que no es confiable nos parece un desafío; el hombre imprevisible, romántico; el hombre inmaduro, encantador; el hombre malhumorado, misterioso. El hombre furioso necesita nuestra comprensión. El hombre desdichado necesita nuestro consuelo. El hombre inadecuado necesita nuestro aliento, el hombre frío necesita nuestra calidez. Pero no podemos “arreglar” a un hombre que está bien tal como es, y si es amable y nos quiere tampoco podemos sufrir. Lamentablemente, si no podemos amar demasiado a un hombre, por lo general, no podemos amarlo.
Copiamos a continuación el índice, para que puedan ver los temas que se tratan en el resto del libro:
Agradecimientos
Prólogo
Capítulo 1: Amar al hombre que no nos ama
Capítulo 2: Buen sexo en malas relaciones
Capítulo 3: Si sufro por ti, ¿me amarás?
Capítulo 4: La necesidad de ser necesitadas
Capítulo 5: ¿Bailamos?
Capítulo 6: Los hombres que eligen a las mujeres que aman demasiado
Capítulo 7: La Bella y la Bestia
Capítulo 8: Cuando una adicción alimenta a la otra
Capítulo 9: Morir por amor
Capítulo 10: El camino hacia la recuperación
Capítulo 11: Recuperación e intimidad: cerrar la brecha
Apéndice 1
Apéndice 2
Etiquetas: Libros recomendados en español
Grupos de autoayuda
Estimados lectores:
Muchos de ustedes han manifestado cierto interés por formar parte de un grupo de autoayuda, con víctimas de situaciones similares. Por el momento, nosotros no contamos con los medios como para iniciarlo, pero esperamos poder hacerlo en el futuro. Mientras tanto, ofrecemos este espacio para todos aquéllos que sí conozcan grupos o que estén interesados. Los invitamos a dejar enlaces debajo de esta entrada hacia páginas de grupos que les interesen o conozcan, y nosotros haremos lo mismo. Desde ya les decimos que no estamos necesariamente recomendando ninguno de estos grupos, ya que no hemos asistido a ninguno en persona, pero pueden intentar participar y comentarnos cómos les fue. En ciertos casos, suelen ser de gran ayuda si cuentan con profesionales competentes. Pero les recomendamos de todas maneras seguir informándose en paralelo, aquí y en otras fuentes acerca de casos de patología y manipulación.
Por último, pueden dejar un comentario con su dirección de correo electrónico si están interesados en que los mantengamos al tanto si iniciamos un grupo propio. Si no desean divulgar su dirección, escríbannos a psicopatiaynarcisismo@gmail.com. Un mensaje con el título "grupo psicopatía y narcisismo" bastará.
Muchas gracias, y sigan hacia adelante.
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jueves 5 de febrero de 2009
El doble discurso
El siguiente es un artículo escrito por el doctor Horacio Krell y publicado en el sitio de ILVEM. Trata acerca del doble discurso, un tema que surgió en una serie de comentarios en uno de nuestros artículos, y que en el cual aún no hemos profundizado. Esperamos que sea de su interés.
El doble discurso es una discrepancia entre lo que se dice y lo que se hace. Es una forma de esquivar, encubrir y reforzar el costo de una decisión. A veces es inconsciente porque se forjó en la infancia con el doble discurso del adulto: “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago” y una doble norma para juzgar: “tú eres obstinado, yo soy perseverante”, que crean un modelo mental asociado a reglas como no decir lo que se piensa y ocultar los sentimientos.
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Modelos defensivos
Cuando se incorporan los modelos del doble discurso se produce una incongruencia entre el sentir, el decir y el hacer. Los hábitos defensivos que protegen ante situaciones incómodas: alteran la causa de los problemas, impiden el aprendizaje, sobreprotegen, evitan la corrección de los errores y disminuyen la efectividad.
Entonces se transmiten tanto mensajes incoherentes como coherentes, con cómplices de la mentira como en la historia del rey desnudo. Se requiere mucha habilidad para mentir ya que el inconsciente es sensible al engaño como lo demuestra el detector de mentiras.
Una teoría para la acción
La acción da sentido a los actos porque refleja la intención. La confusión entre la teoría predicada y la aplicada resta potencia y continuidad. Quien niega el modelo que usa -su doble discurso- dice una cosa pero hace otra, está incapacitado para aprender ya que observa según el modelo e interpreta las causas a su gusto.
Conocer es saber hacer lo que se dice y aprender es corregir errores al acertar de primera vez, y dominar conceptos que sirven para explicar o para prescribir.
Hay que protegerse de los mecanismos del doble discurso: racionalizar, negar, seleccionar, ilusionarse. Esto requiere estar atento a los síntomas del procedimiento defectuoso.
Los métodos de Stuart Mill ( 1853)
El razonamiento causal es nuevo en la evolución de la mente porque requiere procesar demasiadas variables que el cerebro no maneja bien, ya que actúa condicionado por su racionalidad limitada. El hombre es propenso al autoengaño, a esconder la basura debajo de la alfombra. Para detectar esa tendencia se puede empezar por detectar la contradicción evaluando en dos columnas la teoría y la práctica, en la izquierda se anotan los valores, en la derecha los pensamientos y los actos.
El razonamiento productivo
Pasar del doble discurso al discurso productivo implica cambiar el modelo y los valores maestros para que sea coherente, verificable, resistente a lógicas alternativas, predictivo y precursor de las conductas que lo sostengan. Una dinámica de que si p entonces q y que invite a realizar ese viaje.
En los asuntos humanos no se trata sólo de hallar la verdad sino de conseguir mejoras concretas. Los seres humanos son entes que diseñan buscando obtener lo que desean y cuando lo consiguen aumentan su autoestima, confianza, competencia y eficacia.
Porque construimos universos humanos imperfectos, el conocimiento para la acción cierra [...] haciéndola más efectiva. Se precisa conciencia, memoria, adecuación al contexto y que la teoría guíe la práctica. Una buena teoría promueve liderazgos positivos. Los experimentos de administración social de la acción ponen a la ciencia social al servicio de la democracia.
La historia está llena de casos que hubieran cambiado el destino del mundo al estudiarlos con el análisis de los razonamientos alternativos. Cuando Galileo fue obligado a abjurar de su teoría sobre el movimiento de la tierra alrededor del sol sus labios se movieron imperceptiblemente para murmurar: “Y sin embargo se mueve”.
El Doctor Horacio Krell atiende su consulta en horaciokrell@ilvem.com.ar.
sábado 17 de enero de 2009
¿Por qué no lloran los psicópatas?
Los invitamos a leer el siguiente artículo sobre psicopatía, que resume algunos de los puntos que ya hemos tratado, y añade otros detalles.
De elcomercio.com.pe, publicado en junio de 2008.

El cine ha propalado la idea de que el psicópata es un personaje con un gusto obsceno por el dolor ajeno. Quizá alguna antigua víctima de maltrato que, ya de adulto, trata de vengarse por lo que le hicieron pasar. Por estos días incluso hay en cartelera una película sobre un tipo que encierra a una mujer en el estacionamiento y abusa se ella para vengarse por todos los años en que tuvo que admirarla a pesar de su total indiferencia. El espectador promedio deduce al instante el desequilibrio del antagonista. Para alarma de algunos y zozobra de muchos, el tema es bastante más complejo. “Cientos de miles de psicópatas viven, trabajan y juegan con nosotros –tu jefe, tu amigo o tu hermana- y es posible que sigan su camino hacia la destrucción sin tener conciencia de ello”, dijo tiempo atrás un especialista estadounidense. El divulgador científico catalán Eduardo Punset trató de confirmarlo con el doctor Robert Hare, una autoridad mundial en psicología criminal. La respuesta que obtuvo fue concluyente: “Es completamente cierto”.
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Hare, profesor emérito de la Universidad de la Columbia Británica (Canadá), dice que la única característica ineludible en un psicópata es que carecen de emociones, de la capacidad de situarse en el lugar de otra persona para siquiera imaginar su sufrimiento. “Un psicópata puede entrar en tu cerebro e intentar imaginar lo que piensas, pero nunca podrá comprender cómo te sientes. Es como intentar explicarle los colores a un daltónico. ¿Cómo se puede explicar la empatía y las emociones a un psicópata? Un psicópata puede llegar a relacionarse social o intelectualmente de forma significativa, pero concibe las personas como objetos”, explicó Hare en una entrevista para el libro Cara a cara con la vida, la mente y el universo. Conversaciones con los grandes científicos de nuestro tiempo (Booket, 2006).
Según esta premisa, los psicópatas “no sienten ninguna angustia personal ni tienen ningún problema; el problema lo tienes tú”. Su capacidad para infligir los peores tormentos sus víctimas está basada en un comportamiento anormal del cerebro, que reacciona de manera completamente distinta a como lo hace el de una persona sana. Este fenómeno ha sido ampliamente investigado en laboratorios mediante un análisis de la reacción neurológica de estos individuos ante estímulos como fotografías o textos. “Si le mostramos la palabra violación a un psicópata, la entiende como una palabra neutra, como la palabra mesa, silla o árbol. Parece ser que hay muy poca diferencia en la forma que responden o en las partes del cerebro que se activan. Hemos realizado varios experimentos en los que enseñamos imágenes muy desagradables a psicópatas, como escenas de crímenes, y el funcionamiento de su cerebro demuestra que las tratan como si fuera algo normal y corriente”. Las zonas del cerebro relacionadas a las emociones, simplemente no se activan como deberían.
Una de las conclusiones más intrigantes de esos estudios fue obtenida por el doctor Hare en 1994. Tras unos análisis con equipos de su laboratorio detectó que a diferencia de las personas normales, los psicópatas no concentran las funciones del lenguaje en el hemisferio izquierdo del cerebro, sino que emplean los dos hemisferios a la vez. Del mismo modo, explica, estudios posteriores han demostrado que sus reacciones a estímulos emocionales no se concentran en el hemisferio derecho interior, como es lo habitual, sino que también suelen repartirse en los dos hemisferios, en un proceso que por lo tanto no puede ser eficiente.
Años atrás, el doctor Hare estableció un protocolo para reconocer a un individuo psicópata. La denominada Escala de calificación de la psicopatía (Psychopathy Checklist) incluye veinte criterios que los especialistas deben evaluar en una lista para determinar las condiciones del sujeto. Hare los seleccionó a partir de entrevistas con criminales presos y de la revisión de numerosos expedientes penitenciarios. Los rasgos a juzgar son los siguientes:
1. Locuacidad / Encanto superficial.
2. Egocentrismo / Sensación grandiosa de la autovalía.
3. Necesidad de estimulación / Tendencia al aburrimiento.
4. Mentira patológica.
5. Dirección / Manipulación.
6. Falta de remordimiento y culpabilidad.
7. Escasa profundidad de los afectos.
8. Insensibilidad / Falta de empatía.
9. Estilo de vida parásito.
10. Falta de control conductual.
11. Conducta sexual promiscua.
12. Problemas de conducta precoces.
13. Falta de metas realistas a largo plazo.
14. Impulsividad.
15. Irresponsabilidad.
16. Incapacidad para aceptar la responsabilidad de las propias acciones.
17. Varias relaciones maritales breves.
18. Delincuencia juvenil.
19. Revocación de la libertad condicional.
20. Versatilidad criminal.
“Al principio solo era un instrumento de investigación, y nunca imaginé que se utilizaría en el ámbito de la justicia criminal”, comenta Hare. Gracias a sus consejos, la policía estadounidense ha logrado resolver varios casos atribuidos a psicópatas. En la entrevista para el libro de Punset, por ejemplo, se cuenta el caso de un asesino en serie al que se atribuía ocho crímenes, pero solo se le podía probar tres. Los investigadores trataron de apelar a la imagen de las familias de sus víctimas para hacerlo confesar, pero no lo conseguían. Tras una charla de Hare, los policías cambiaron de estrategia: le dijeron que no podía considerarse un asesino en serie porque “apenas” había matado a tres personas. El tipo confesó. Habían apelado a su propia forma de entender las cosas.
El tema de los psicópatas es un tópico inquietante en Estados Unidos. Según los estimados, uno por ciento de la población estadounidense podría padecer de psicopatía. Eso significa dos millones de personas. Y ni siquiera es posible resolver los casos en que este mal ha degenerado en actos delictivos. “Los programas tradicionales de rehabilitación ayudan muy poco a los delincuentes psicópatas, y existen estudios que demuestran que delincuentes que siguieron estos programas cometieron crímenes más graves que si no se hubieran tratado”, alerta Hare.
Estamos avisados. A ver quién se anima a chequearse en la lista.
