¡Bienvenid@!

Tal vez usted es de aquellas personas que siendo niños -o aun de adulto- ha vivido en una familia de padres narcisistas [Ver más explicación]; o quizás es de aquellas personas que tiene o ha tenido en su vida (familia, trabajo, lugar de estudio, etc.) un encuentro o relación con un psicópata o un narcisista, un psicópata "compensado" o un sociópata violento [Ver más explicación]. Si usted intuye que es de alguna de aquellas personas, entonces ha llegado al lugar correcto.


Este blog le proveerá con información y links. Recolectaremos artículos que reflejan de mejor forma la historia y el estado del conocimiento de estos temas, así como material de investigación que esperamos sea útil en algunos asuntos que hasta ahora han permanecido en la oscuridad.


Este blog es la creación de un grupo de sobrevivientes, algunos de los cuales son profesionales en las áreas de la medicina, pero tenemos las intenciones de permanecer anónimos. No nos consideramos profesionales en psicología. Nuestra única intención es compartir nuestra investigación. Este blog no es acerca de nosotros, sino más bien, acerca de usted.


¿Es usted un sobreviviente de un encuentro o relación con un psicópata o narcisista? Está todavía esclavizado, comprometido en la lucha de vida o muerte?


Hay una salida.


Esperamos poder compartir con usted algunos de los secretos de escapar y sanar, de hacerse libres de esas características que hacen a los seres humanos normales víctimas ideales de personas con anomalías psicológicas que merodean nuestra sociedad; monstruos entre nosotros.


Una vez sabiendo lo que son, cuáles son sus debilidades y sus fortalezas, las técnicas que utilizan para paralizarle y drenarle de energía, una vez que sepa que no está loco/a y que sobre todo, no está solo/a, puede comenzar el proceso de vivir otra vez. ¡La mejor venganza es una vida buena y plenamente vivida!


Todo comienza con conocimiento; usted puede saber la Verdad, y la Verdad le hará libre.


http://psicopatia-narcisismo.blogspot.com/

NOTA IMPORTANTE: El equipo de este blog no necesariamente comparte ni promueve los puntos de vista y opiniones expresados en los artículos o comentarios publicados en este espacio. Nuestra única intención es compartir nuestra investigación y alentar a nuestros lectores a que también se informen acerca de los temas tratados, que lean sobre el tema en otras fuentes, y que busquen a un terapeuta si lo consideran necesario. Del mismo modo, nuestras opiniones no son más que eso, y rogamos no las tomen como un consejo profesional. Nada puede suplantarlo. Somos simples ciudadanos interesados en este tema, y no pretendemos tener todas las respuestas. Las estamos buscando, como muchos de ustedes. Para más información, los invitamos a leer Carta para nuestros lectores: próximos artículos

viernes, 30 de abril de 2010

Sentimientos y comunicación de adultos de familias narcisitas

Stephanie Donaldson-Pressman, Robert M. Pressman
Narciso y Eco. El Sistema Narcisista Original
El Modelo de la Familia Narcisista - Capítulo V
La Familia Narcisista - Diagnóstico y Tratamiento
Editorial: Jossey-Bass


En el mito de Narciso, Echo era incapaz de abogar por ella misma; era incapaz de expresar sus sentimientos, y entonces se murió. Esta es la viva metáfora de la necesidad de estar en contacto con nuestros sentimientos, y la necesidad de encontrar maneras de expresarlos asertivamente y, eso esperamos, satisfacer nuestras necesidades con éxito.

Víctor Frankel, dos mil años después de Ovid, ilustra el concepto de la necesidad esencial de expresar nuestros sentimientos en su historia sobre un compañero sobreviviente de un campo de concentración. Las condiciones de vida en el campo causaban severos hinchamientos de pies, imposibilitando a los prisioneros ponerse las botas antes de ir a trabajar. Únicamente un prisionero consiguió hacerlo. Cuando Frankel le preguntó como había logrado deshacerse del edema, respondió, “Lo he hecho a base de lágrimas”. Como Frankel explica, “No había necesidad de sentirse avergonzado por las lágrimas, ya que son el vivo testimonio de un hombre con el mayor de todos los corajes , el coraje de sufrir”(1).

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Para los adultos de familias narcisistas, el concepto de reconocimiento y validación de los propios sentimientos es a menudo totalmente suprimido durante la experiencia familiar. La habilidad de comunicar los sentimientos apropiadamente se vuelve entonces una tarea monumental: ¿cómo puedo comunicar verbalmente aquello que no puedo reconocer internamente? Si a uno no se le enseñó que tiene derecho a sentir, entonces seguramente que tampoco se le enseñó como comunicar los sentimientos de manera directa y asertiva.

Enseñar a los pacientes cómo ser asertivos apropiadamente es a menudo el mayor reto de los terapeutas al trabajar con sobrevivientes de familias narcisistas. Enseñar y aprender esta habilidad en forma gradual –permitiéndose experimentar sentimientos al reconocerlos, etiquetarlos, auto-validarlos y expresarlos apropiadamente, culminar con una declaración clara sobre nuestras expectativas- es una tarea enormemente compleja. Corta de raíz la mismísima condición del sobreviviente: ¿si no sé quién soy, como puedo darme a conocer ante ti?

El modelo que usamos para enseñar habilidades efectivas de comunicación se llama “Yo siento…Yo quiero” (2). Esencialmente, hace referencia a la expresión verbal de nuestros sentimientos, seguido de una clara expresión de lo que uno quiere. “Tommy, me siento enojada y herida porque no has limpiado la sala de estar cuando prometiste que lo harías. Me gustaría que lo hicieras ahora mismo.”

“Yo siento…Yo quiero” es un ejemplo obvio y simple, pero la mayoría de las personas no saben como hacerlo. Ello ahorra prestarse a juegos, malos entendidos, escenas explosivas, interpretaciones equivocadas de la mente, y toda suerte de cosas infernales. Es el mejor modelo de comunicación clara y respetuosa que hemos encontrado.

Para individuos educados en familias narcisistas, ser asertivo es un enorme problema. La asertividad involucra dos partes: saber cómo se siente uno, y ser capaz de expresarlo de manera clara y sin agresividad. Como se indicó en el Capítulo Dos, tanto el reconocimiento de los sentimientos como su expresión son tareas difíciles para los sobrevivientes.

En la práctica, preferimos el término comunicación adulta respetuosa basada en la asertividad. Aunque asertividad es una palabra perfectamente respetable y funcional, tiene una connotación negativa para muchos pacientes. También es menos descriptiva. Esencialmente, los pacientes necesitan aprender a respetarse a si mismos y a los demás, aprender a relacionarse como adultos completamente funcionales y a comunicarse acertadamente para que el mensaje enviado coincida realmente con el mensaje recibido. Hemos, por tanto, dividido este capítulo en dos partes (identificar y expresar los sentimientos, respectivamente) y hemos puesto un número de técnicas terapéuticas para enseñar estas importantes habilidades.

Identificar sentimientos

Muchos pacientes se sienten hasta incómodos ante la palabra sentimientos. Un paciente comentaba, “No me gusta eso de suavecito-delicadito-esponjoso” Por ello es necesario ayudar a los pacientes creando un cierto grado de distensión al hablar de sentimientos, para que puedan reconocer 1. lo que son los sentimientos, y 2. que ellos los están experimentando. Para este fin, hemos descrito un número de técnicas usadas en nuestra práctica.

Enumerar Sentimientos

Es a menudo interesante y provechoso tomarse un tiempo con los pacientes simplemente enumerando sentimientos. ¡Si no se les anima, muchos no pueden ni siquiera enumerar uno sólo! O ellos tal vez llegan a decir “enojado”, “triste”, “bueno” o “malo” y eso es todo. Los pacientes usualmente se sorprenden del número de sentimientos que pueden ser generados en una lista con el terapeuta.

Estos individuos dirán cosas como “No tengo sentimientos”, o “Sentir duele demasiado”. No tienen ningún concepto de la importancia o la función de los sentimientos. Desde el punto de vista de la familia narcisista como modelo, les enseñamos a los sobrevivientes que los sentimientos:

• Son la verdadera expresión de quienes somos;
• Existen por cuenta propia
• No pueden ser legislados (como en, “Tu debes de amar a tu hermano”;
• No hay buenos o malos, correctos e incorrectos – simplemente existen;
• Son instintivos y a menudo protectores
• Nos motivan a acciones necesarias (por ejemplo, “Siento temor, por tanto, llamaré a la policía”);
• Necesitan ser reconocidos y tomarse en consideración; porque
• Saldrán a la luz –aún si los ignoramos, negamos, alimentamos- mediante síntomas físicos, ira explosiva, o depresión (la “otra cara” de la ira).

Los sentimientos son especialmente valiosos como incentivo para la acción, en el sentido que Bradshaw usaba el concepto de la “E-moción” (3). Por ello, cuando negamos nuestras emociones o sentimientos, puede que no emprendemos las medidas necesarias y apropiadas. Como saben los terapeutas, la inactividad muy a menudo lleva a la depresión.

Hay un número de técnicas que sirven de ayuda al enseñar a adultos de familias narcisistas cómo reconocer y etiquetar sus sentimientos. Tres técnicas que usamos con frecuencia (el Test del Lenguaje Corporal, Historias Sentimentales y Proyección de Video) se detallan abajo. También recomendamos que los pacientes lleven “diarios de sentimientos” donde identificar y etiquetar lo que experimentan, incluyendo sensaciones físicas.

El Test del Lenguaje Corporal

La mayoría de las personas experimentan fuertes sentimientos como una o más sensaciones físicas: por ejemplo, una constricción en la garganta, o sentir que el estómago o el corazón se anida ahí; tensión de músculos en el cuello o en los hombros; o un dolor de cabeza repentino. Algunos individuos experimentan síntomas casi instantáneos de dolor de estómago o diarrea en tiempos de estrés emocional. Pregunte al paciente dónde siente la emoción (o el trastorno) en su cuerpo; y lo más seguro es que no tendrá problema en decirlo.

El primer paso, entonces, es que el paciente entre en contacto con su síntoma – que realmente lo perciba y lo experimente, y que el terapeuta lo elogie por tan sólo permitirse experimentar y sentirlo físicamente.

La Historia de Mary. Mary es una mujer de treinta años cuya familia narcisista de origen la formaba un padre callado y nada asertivo, una madre entrometida y emocionalmente abusiva y dos hermanas. La madre de Mary la llamaba varias veces por semana para “descargarse” sobre ella, acaparándola con historias ilustrativas de las cosas malas que hacían sus hermanas; siempre intentando involucrar a Mary en escenarios familiares complejos y perturbadores. Mary había estado viendo a un quiropráctico por más de un año por tensión y dolor de cuello. Había etiquetado su dolor como secuela de un accidente automovilístico menor, asumiendo que experimentaba dolor en su espalda al tensarla inadvertidamente y en el cuello al levantar y doblarse de mala manera. Cuando su quiropráctico la mandó a terapia, ella llegó a la conclusión de que el dolor tal vez era más una expresión de estrés psicológico que una lesión física.

En el transcurso de la terapia, Mary comenzó a llevar un diario de sentimientos en el que rastreaba sus dolores de cuello, eventos, pensamientos y sentimientos que había experimentado en el transcurso del día. Se le enseñó la “respuesta de relajación” de Benson, la cual aprendió a usar al tomar consciencia del dolor de cuello. (4) Al mantener un diario, Mary fue capaz de relacionar sus síntomas físicos con eventos específicos y pensamientos –desencadenantes de sentimientos- y a etiquetar los sentimientos que se expresaban en su cuello como dolor.

Terapeuta: ¿Mary, esta semana cuando sentiste la tensión en tu cuello, fuiste capaz de relacionarlo con algo que ocurrió, o que estabas pensando?
Mary: Es gracioso, siempre sentía más dolor los fines de semana, pero nunca supe por qué. ¡En mi diario, sí dice por qué! Lo siento después que mi madre llama (por teléfono). A menudo llama los fines de semana, porque mi padre trabaja durante ese tiempo. Esta vez, cuando colgué me di cuenta que tenía el dolor. Y no había hecho nada - físicamente, quiero decir- para que me doliera.
Terapeuta: ¿Así que su madre es un dolor en el cuello?
Mary: (riendo) Si eso creo.
Terapeuta: ¿Mary, qué sentiste durante la conversación?
Mary: Deseaba que no me llamara todo el rato para descargarse conmigo.
Terapeuta: Ok. Pero eso era lo que pensabas. Quiero saber como te sentías. Estás describiendo un pensamiento, no un sentimiento. ¿Qué sentías?
Mary: Sentí que - no. Me sentí enojada. Realmente enojada. Furiosa.

En este punto el terapeuta pudo alabar a Mary por el trabajo que estaba haciendo, y subrayar los pasos que estaba dando para cambiar su vida positivamente. Los pacientes a menudo tienen dificultad para reconocer sus logros y frecuentemente los identifican en términos que en realidad reflejan un déficit o un fracaso. (“¡Si, tal vez lo hice esta vez, pero debí de haberlo hecho desde hace tiempo!”) Es importante que el terapeuta enmarque la experiencia como una falta de entrenamiento más que de inteligencia, carácter moral o lo que sea: el paciente no tenía la habilidad (entrenamiento, opciones, visión del mundo) en aquel entonces, pero está aprendiendo ahora.

Una parte significativa de la terapia en este modelo es que el terapeuta está orientado hacia la acción, en vez de ser reflectivo o comprensivo en primer lugar. Es importante que el terapeuta premie verbalmente al paciente por su comportamiento apropiado, haciendo declaraciones constructivas y alabándolo – no en el sentido de clamar admiración por el paciente, sino tratando de reflejar la realidad del trabajo que está haciendo. De esta manera, el paciente sabe cuando ha hecho una “cosa buena”. Probablemente Mary no tuvo ese tipo de retroalimentación durante su niñez, así que ahora lo necesita y lo aprecia.

El paso final es habilitar al paciente a expresar el sentimiento y a actuar en consecuencia.

Después de una importante discusión, Mary decidió expresar sus sentimientos a su madre y establecer algunos límites en su relación. “Usando el ‘Yo siento…yo quiero’, voy a decirle que me siento muy enojada cuando llama para quejarse de mis hermanos, y que no quiero que lo vuelva a hacer más”.

Después de unos esfuerzos tentativos, Mary fue capaz de expresar sus sentimientos a su madre, y de hecho dio por finalizadas algunas conversaciones en cuanto su madre “infringía la regla”. Pasado un tiempo en el que su madre rechazaba hablarle de forma categórica (adoptando “el trato del silencio”), su madre cambió su comportamiento telefónico. Comenzó a llamarla con menor frecuencia, para alivio de Mary, y las conversaciones fueron más breves, con temas de discusión más aceptables. Su madre entonces comenzó a llamar en su lugar a una de las hermanas de Mary y empezó a “descargarse” con ella. Como Mary dijo, “¡Ahora es problema de mi hermana; ella tendrá que aprender a lidiar con eso!”.

Mary aprendió que la gente recurre a ciertas técnicas interactivas porque funcionan; estas tácticas les da lo que quieren. Cuando esas técnicas no funcionan más,
la gente deja de usarlas. Mientras Mary estaba dispuesta a escuchar a su madre (es decir las necesidades de su madre), ésta continuaba descargándose sobre ella. Cuando dejó de funcionar – cuando Mary rechazó escucharla (comenzó a respetarse a si misma) y fue capaz de comunicarlo como adulta y claramente – su madre dejó de descargarse sobre ella. Así, Mary fue capaz de realizar una modificación en el comportamiento de su madre, al menos en relación con ella.

Así mismo, Mary entendió que su cuerpo era una herramienta valiosa para indicarle cuando estaba experimentando un sentimiento que requería atención. En vez de referirse a su dolor como el enemigo, Mary se dio cuenta que era una advertencia protectora de alto estrés. Aprendiendo a escuchar el lenguaje corporal y a actuar en conformidad, se encontraba bajo menos estrés y subsecuentemente experimentó menos dolor de cuello.
Historias de Sentimientos

Es a menudo difícil para los sobrevivientes atribuirse sentimientos, especialmente si en el pasado la experiencia de sentimientos fue dolorosa, no productiva o castigada. Un método comprobado para provocar sentimientos con fines de diagnostico ha sido a través del uso de técnicas proyectivas (El Test de Consciencia Temática, Tests de Rorschach, y similares) (5). Usando este método desde una perspectiva terapéutica (más que para obtener un diagnóstico), hemos encontrado que pedirles a los pacientes que imaginen lo que otras personas pueden llegar a sentir en una situación dada es mucho menos amenazador para ellos y además es una excelente técnica para reconocer y etiquetar sentimientos.

Las historias de sentimientos son pequeñas viñetas que el terapeuta puede improvisar espontáneamente en la consulta. Estas historias no sólo pueden ser de ayuda para lograr que los pacientes identifiquen y etiqueten sentimientos, sino que a menudo actúan como un “detonante de memorias” (algo que ayuda o provoca el recuerdo/recolección de memorias enterradas). En terapia, el practicante contará la historia para provocar sentimientos y luego hará que el paciente decida como podría sentirse el carácter o caracteres de la historia:

Una pequeña niña está jugando con un gato en el patio. Ella se mete en la casa para tomar agua, y el gato es atropellado por un auto en el camino. ¿Cómo se siente la niña?

Un niño está jugando con otros cuando comienzan a molestar a un niño más pequeño. El no hace nada; sólo mira. Muy pronto el niño pequeño se aleja corriendo, llorando. ¿Cómo se siente el primer niño?

Un niño siempre está siendo golpeado por su padre. Un día, el padre viene muy enojado porque la patineta del niño se encontraba en la cochera e hizo que el padre se tropezara. La hermana del niño sabe que el pequeño volverá a ser golpeado, así que le miente al padre y le dice que fue ella la que dejó la patineta afuera. El padre la golpea a ella en vez de su hermano. ¿Cómo se siente ella?

Cuando el hermano se entera de lo sucedido (por otro hermano), ¿cómo se siente?

Una niña tiene una madre que juega con ella, le lee historias y le da muchos abrazos. Pero cuando su padre actúa de forma brutal y le grita a la niña, la madre finge que no lo nota o se va a otro cuarto. ¿Cómo se siente la niña?

Un niño gana un concurso de poesía y le piden que lea su poema en clase. ¿Cómo se siente?

La madre de una niña rompe sus promesas frecuentemente, y después le compra un bonito regalo. ¿Cómo se siente la niña?

Una niña está jugando afuera con sus amigos cuando comienza a anochecer. Sus amiguitos comienzan a retirarse. La niña les pide que se queden a jugar con ella. Le contestan que sus padres les dijeron que fuesen a casa en cuanto las luces de la calle se encendiesen. Ella les dice que sus padres no tienen ninguna regla con respecto a su hora de llegada. ¿Cómo se siente ella?

A pesar de que los sentimientos que afloren puedan resultar obvios, es fascinante experimentar la facilidad/dificultad con la que los pacientes responden a las preguntas sobre “sentimientos”. También resulta valioso el diagnóstico por los diferentes tipos de respuestas que provocan las experiencias individuales de los pacientes. Por ejemplo, un paciente respondió a la primera historia (sobre el gato atropellado) diciendo: “Ella se sintió feliz. Era el gato de su hermana, y la niña siempre lo había odiado. Ella quería un perro. Su madre le dijo que sólo podían tener una mascota, y le tocó a su hermana mayor escoger. Siempre escogía ella. ¡Ahora, ya que el gato está muerto, la niña puede tener su perro!”. Noten así mismo la diferencia en las respuestas más abajo de dos mujeres pacientes a la historia de los niños jugando hasta que se encendieran las luces.

(Chris, mujer profesional bien educada, en su treintena que padece ansiedad y depresión. Fue educada por un padre entrometido y extremadamente crítico que sostenía expectativas absurdamente elevadas con respecto a ella, y una madre que era tan pasiva que optamos por una posible depresión crónica de nivel leve) “Me resulta difícil imaginar no tener reglas! Huy!” (risas avergonzadas) “La niña siente que tiene suerte. Se siente…orgullosa. Sus padres confían en que use su propio juicio. Sus padres la aman mucho.”

(Laura es muy inteligente, educada por una familia negligente, madre de tres niños pequeños. Es una alcohólica en recuperación que fue abusada por su madre – quien abandonó a la familia cuando Laura tenía nueve años – desdeñada por su padre, un jugador compulsivo, e importunada por su hermanastro).
“Ella se siente tan avergonzada. Todos esos niños tienen gente que se preocupan por ellos – que los quieren en casa- que los quieren suficientemente como para imponerles reglas. Ella mataría por tener a alguien así. A nadie le importa si se va a casa o no; nadie lo nota siquiera.

Los sentimientos demasiado dolorosos como para que los pacientes los expresen abiertamente a menudo afloran durante estas sesiones de historias. Muchos niños de familias narcisistas tienen recuerdos tan profundamente enterrados que necesitan historias vivenciadas por otros niños para liberarlos. La mayoría de los terapeutas han tenido la experiencia de recibir llamadas de pacientes que tuvieron una avalancha de recuerdos provocados por un programa de televisión o un artículo del diario. Las historias de sentimientos funcionan de una manera similar pero más eficientemente. Al terapeuta se le ofrece a menudo la oportunidad de transmitir educadamente sus primeras conclusiones acerca del tipo de experiencias vividas por el paciente que están siendo reprimidas, permitiéndole a él o ella encajar la historia de sentimientos de acuerdo a ellas..

Por ejemplo, se contó la historia del niño que ganó el concurso de poesía a un joven que había sido educado por un padre extremadamente duro. El terapeuta sospechaba que el joven (que claramente no era homosexual) albergaba fantasías y miedos a ser homosexual que le parecían demasiado espantosos como para atreverse a reconocer o a comentarlos. Cuando se le contó la historia de sentimientos, el dique reventó. Fue capaz de contar uno por uno los incidentes experimentados en la niñez cuando intentaba hacer amistades cercanas con otros chavales, donde sólo conseguía que su padre lo estropeara todo por su actitud y comportamiento. El niño siempre quedaba sintiéndose mal y culpable – ignorando qué había hecho mal, pero sabiendo que había algo malo en querer una relación cercana con otros varones. En la adolescencia, esta creencia se tradujo por el sentimiento que el padre sabía que en el fondo, el niño era homosexual. Por tanto, siempre mantenía la guardia contra ello, ya que (por supuesto) el padre poseía un conocimiento y percepción especial. Mientras que sus temores a la homosexualidad bien hubieron podido aflorar a lo largo de la terapia, la historia de sentimientos permitió al paciente utilizar el tiempo de su terapia lidiando directamente con los sentimientos de miedo, culpa y vergüenza, en vez de perder semanas o meses agonizando sobre cómo, cuándo y si revelar su secreto o no.

Proyección de Video

Con esta técnica, los pacientes se ven capacitados para recapitular incidentes del pasado con cargas emocionales y mantener al mismo tiempo cierto grado de desapego. Se les pide a los pacientes que imaginen una gran pantalla de televisión (o cine); en ella se está proyectando el incidente que ellos encuentran demasiado doloroso como para hablar de ello. Luego lo describen en tercera persona. Empleamos esta técnica extensamente, combinada con hipnosis para realizar un trabajo de desactivación en sobrevivientes con abusos sexuales y otras formas de desórdenes de estrés post-traumático.

La Historia de Margo. Margo es agente de propiedad de treinta y cinco años que posee su propio negocio. Experimentó problemas crecientes de ansiedad durante el día que interrumpía su sueño por la noche también. Durante las primeras sesiones de terapia, ella sostuvo que su familia de origen – dos profesionales exitosos- fue idílica. Procedió a la exploración de sus patrones de sueño infantiles con el terapeuta, quien le había pedido visualizar una película de si misma como niña, durmiendo. Fue describiendo el dormitorio y la cama y continuó como sigue:

Margo: Hay una pequeña niña. Ella tiene unos nueve o diez años. Está en su cama, durmiendo. Entonces, hay una luz potente. La puerta del pasillo se abre. La luz penetra en el cuarto.
Terapeuta: ¿Como se siente la niña?
Margo: Está somnolienta. Quiere dormir. Ella está…triste.
Terapeuta: ¿Porqué triste?
Margo: Sabe que ahora no podrá dormir bien. Eso la entristece.
Terapeuta: ¿Qué sucede ahora?
Margo: Está triste (llorando mientras habla) por su pequeño hermano. Es su pequeño hermano; está junto a la puerta. Ahora la ha cerrado. Está llorando; ella oye como solloza. El se acerca a la cama. Ella se mueve para que pueda meterse en ella. El llora, y ella lo abraza. El se va adormeciendo. Ella está despierta.
Terapeuta: ¿Como se siente ella?
Margo: Triste. Esta triste por su pequeño hermano…porque él todavía se preocupa. Ella no. Ella está triste porque no podrá dormir más.
Terapeuta: ¿Qué está sucediendo ahora?
Margo: Está mirando a su pequeño hermano, observándolo mientras duerme. Parece tan lindo. Sólo tiene cinco años. No cerró del todo la puerta del pasillo por lo que se refleja un poco de luz sobre él (comienza a llorar otra vez). Ella lo abraza y lo aprieta.
Terapeuta: ¿Qué está sintiendo, Margo?
Margo: Tristeza
Terapeuta: ¿Es eso todo?
Margo: Tristeza…y enojo. Furia. Llena de furia. Ella odia a esos bastardos. Ellos lo trastornan tanto. Ellos no merecen a un niño lindo como Teddy. Los odio. El los ama, así que el resulta herido. Tiene que aprender. Dejar de llorar. (Llorando fuerte y meciéndose en su silla) Me duele por él…y por mi. Yo sí me preocupaba, pero ellos lo jodieron. Tuve que cuidar de Teddy, pero yo era sólo una niña. No podía hacerlo bien. El necesitaba padres…yo necesitaba padres. No había nadie allí que nos cuidara. Nadie.

A medida que Margo fue capaz de juntar las piezas, se fue aclarando que la vida familiar se centraba en subir la autoestima de la madre y a que se sintiera confiada, evitando al mismo tiempo tener demasiadas expectativas en cuanto a su disponibilidad. Los problemas nocturnos se presentaban cuando los padres de Margo, que tenían una vida social muy activa, regresaban de una fiesta. La madre iniciaba una pelea con el padre por prestarle demasiada atención a otra mujer, o por algo que había dicho o no durante la velada. La madre siempre cerraba las puertas a golpetazo, despertando a Teddy. Entonces la pelea subía de tono, y el padre amenazaba con irse, y la madre lloraba rogándole que la perdonara. Teddy, cuyo cuarto estaba al lado del de sus padres, comenzaba a sollozar y se iba al cuarto de su hermana en un ala distinta de la casa. Margo se sentía intensamente protectora de su pequeño hermano (el cual adoraba), furiosa con sus padres y temerosa por ella misma.

El uso de la proyección de video establece una distancia entre el paciente y la experiencia. Provee un margen de seguridad emocional, para que el paciente no “se venga abajo” y bloquee importantes recuerdos.

Expresando Sentimientos

“Yo Siento…Yo Quiero”

Una vez que las personas son capaces de 1) reconocer que tienen sentimientos, 2) etiquetar sus sentimientos, serán capaces de aprender a expresar sus sentimientos apropiadamente, la parte de “Yo Siento”. Cuando son capaces de aceptar 3) que tienen el derecho de experimentar aquellos sentimientos y 4) que estos sentimientos son importantes, les resulta más fácil verbalizar sus expectativas a los demás, la parte de “Yo quiero”. Y como pronto lo experimentarán, una vez capacitadas para expresar la parte de “Yo siento”, es a menudo innecesario anunciar el “Yo quiero”. Muchas veces, lo más importante es que los sentimientos sean escuchados. Sin embargo, hay habilidades por aprender en cuanto a la expresión de los sentimientos. 6) Hay una lista de “cosas malas” que la gente a menudo dice cuando está experimentando fuertes emociones y dificultades para expresarlas (vea lista en el Apéndice B). Mientras estos comportamientos (insultos, referencias al “tú”, declaraciones “siempre/nunca”, traer viejas rencillas a la mesa, hacer referencias históricas, y comparar al otro con sus padres, entre otras) funcionan bien para:

• Intensificar emociones
• Herir sentimientos
• Descargar mal humor
• Inducir culpa y vergüenza
• Provocar actitudes defensivas
• Alentar contraataques e
• Imposibilitar la resolución del problema

no funcionan bien para comunicar sentimientos y opiniones si queremos que otra persona nos escuche. Las personas que están siendo interpeladas por alguien que utiliza cualquiera de las técnicas negativas listadas más arriba no se sienten valoradas o respetadas; se sienten atacadas. Los humanos no escuchan bien cuando sienten que son atacados, porque están preparando un contraataque defensivo. No es una buena receta para una comunicación provechosa orientada hacia la resolución de problemas. Por ejemplo, la gente responderá de forma totalmente distinta a “¡Tú siempre me interrumpes, eres muy desconsiderado!” en vez de “Me siento dolida y furiosa cuando me interrumpes; Siento que mis opiniones no importan. Me siento estúpida”

Por el contrario, los humanos sí escuchan declaraciones describiendo sentimientos. Esas declaraciones son interesantes, descriptivas y no amenazantes – describen al que habla, no al que escucha. Son respetuosas por ambas partes, y tienen muy buenas posibilidades de ser escuchadas. No hay defensa que preparar, porque no hay ataque del cual defenderse. “Yo siento…yo quiero” es una comunicación adulta respetuosa (CAR) óptima.

Caroline revisada. A menudo nos referimos a Caroline (mencionada en el Capitulo Dos, cuya madre le dijo “Si tienes que pedirlo, pierde su valor”) cuando trabajamos con el paciente el concepto de comunicación adulta respetuosa, ya que su experiencia con “Yo siento…yo quiero” alcanza a la mayoría de los sobrevivientes.

Caroline estaba herida y enojada porque su marido siempre olvidaba su cumpleaños. Los cumpleaños nunca fueron importantes en la familia de origen del esposo, pero sí lo habían sido en la de Caroline, y le gustaba la atención, los regalos y sentirse realmente especial por un día. Así que se ponía nerviosa cuando “el gran día” se aproximaba – ¿acaso él se acordaría? Cuanto más se acercaba el día, más ansiosa se volvía, y luego enojada (“¡Que se vaya al diablo si no lo recuerda!”) y finalmente deprimida (¡Al carajo! No tiene importancia; me demuestra que me ama de otras formas. No soy una niña) Caroline no podía recordarle su cumpleaños por su creencia de que al pedirlo perdería su valor. Entonces, cada año durante los tres primeros años de su matrimonio, echaba a andar su vieja cinta mental y terminaba teniendo un cumpleaños miserable. Y cada año, había peleas post-cumpleaños, lágrimas, y miseria, donde el marido volvía a explicar de nuevo el tema de los cumpleaños en su familia de origen rogándole a Caroline que le recordara su cumpleaños; si ella pudiera decirle lo que le gustaría que hiciera, estaría encantado. Pero sencillamente Carolina no podía hacerlo. Las delicias del martirio estaban bien ancladas en su visión del mundo. Caroline había comenzado terapia unas pocas semanas antes de su tercer cumpleaños de matrimonio. Se habló de las múltiples opciones disponibles para lidiar con la celebración de su cumpleaños, incluyendo la vieja cinta familiar con la esperanza de que de alguna manera, esta vez, las cosas serían distintas (vea “Regresando al pozo”, capítulo cuatro). Esa fue la opción que escogió, trayendo consigo el resultado predecible.

En su siguiente cumpleaños, Caroline era experta en CAR. Esto es lo que hizo:

1. tres meses antes de su cumpleaños, puso un gran cartel en la nevera que decía “¡El cumpleaños de Caroline está cerca!”
2. dos meses antes, reemplazó ese anuncio con uno que decía, “¡El cumpleaños de Caroline – sólo quedan 8 semanas!”
3. seis semanas antes, puso un cartel actualizado en la nevera y pequeñas notitas de color rosa estuvieron apareciendo por la casa, con mensajes como “¡Caroline ama las rosas amarillas!” y “El restaurante favorito de Caroline es…”, “Caroline adora el Chanel #5”, “¡Caroline quiere un pastel de mus de chocolate con velas en su cumpleaños!” y así por el estilo.

Se convirtió en un juego. Caroline comenzó a divertirse y su esposo estaba encantado. De verdad quería complacerla, y ahora ella le estaba indicando exactamente como hacerlo. ¡Huelga decir que tuvo un maravilloso cumpleaños! Carolina convirtió una situación en la que siempre salía siendo la perdedora en una situación en la que sólo podía ganar usando la CAR, y de manera muy creativa por cierto.

Conclusión

El concepto de comunicación adulta respetuosa (CAR) parece tan simple, a pesar de que se basa en actitudes y habilidades complejas, ya que la ausencia de cualquiera de ellas haría a la CAR imposible. El terapeuta debe de ser capaz de ayudar a los pacientes a redescubrir sus sentimientos, aprender cómo reconocer y etiquetarlos, para luego desarrollar un nivel de comodidad y habilidad para comunicar estos sentimientos a los demás.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias

Anónimo dijo...

fantastico este blog es lo mejor que he encontrado para autoayudarme. Gracias!!