¡Bienvenid@!

Tal vez usted es de aquellas personas que siendo niños -o aun de adulto- ha vivido en una familia de padres narcisistas [Ver más explicación]; o quizás es de aquellas personas que tiene o ha tenido en su vida (familia, trabajo, lugar de estudio, etc.) un encuentro o relación con un psicópata o un narcisista, un psicópata "compensado" o un sociópata violento [Ver más explicación]. Si usted intuye que es de alguna de aquellas personas, entonces ha llegado al lugar correcto.


Este blog le proveerá con información y links. Recolectaremos artículos que reflejan de mejor forma la historia y el estado del conocimiento de estos temas, así como material de investigación que esperamos sea útil en algunos asuntos que hasta ahora han permanecido en la oscuridad.


Este blog es la creación de un grupo de sobrevivientes, algunos de los cuales son profesionales en las áreas de la medicina, pero tenemos las intenciones de permanecer anónimos. No nos consideramos profesionales en psicología. Nuestra única intención es compartir nuestra investigación. Este blog no es acerca de nosotros, sino más bien, acerca de usted.


¿Es usted un sobreviviente de un encuentro o relación con un psicópata o narcisista? Está todavía esclavizado, comprometido en la lucha de vida o muerte?


Hay una salida.


Esperamos poder compartir con usted algunos de los secretos de escapar y sanar, de hacerse libres de esas características que hacen a los seres humanos normales víctimas ideales de personas con anomalías psicológicas que merodean nuestra sociedad; monstruos entre nosotros.


Una vez sabiendo lo que son, cuáles son sus debilidades y sus fortalezas, las técnicas que utilizan para paralizarle y drenarle de energía, una vez que sepa que no está loco/a y que sobre todo, no está solo/a, puede comenzar el proceso de vivir otra vez. ¡La mejor venganza es una vida buena y plenamente vivida!


Todo comienza con conocimiento; usted puede saber la Verdad, y la Verdad le hará libre.


http://psicopatia-narcisismo.blogspot.com/

NOTA IMPORTANTE: El equipo de este blog no necesariamente comparte ni promueve los puntos de vista y opiniones expresados en los artículos o comentarios publicados en este espacio. Nuestra única intención es compartir nuestra investigación y alentar a nuestros lectores a que también se informen acerca de los temas tratados, que lean sobre el tema en otras fuentes, y que busquen a un terapeuta si lo consideran necesario. Del mismo modo, nuestras opiniones no son más que eso, y rogamos no las tomen como un consejo profesional. Nada puede suplantarlo. Somos simples ciudadanos interesados en este tema, y no pretendemos tener todas las respuestas. Las estamos buscando, como muchos de ustedes. Para más información, los invitamos a leer Carta para nuestros lectores: próximos artículos


viernes, 16 de julio de 2010

"Hago, por tanto Soy" Versus Validar el Tesoro

Stephanie Donaldson-Pressman, Robert M. Pressman
Narciso y Eco. El Sistema Narcisista Original
El Modelo de la Familia Narcisista - Capítulo X
La Familia Narcisista - Diagnóstico y Tratamiento
Editorial: Jossey-Bass

Competencia al momento de realizar algo: Hago, Por Tanto Soy.

Un tope enfrentado por muchos individuos producto de familias narcisistas es su abrumadora necesidad de validación externa. A menudo estos individuos son capaces de compensar esta necesidad al involucrarse en situaciones que les redituarán validación. Por ejemplo, un periodista verá sus palabras impresas, los profesores de jardín de niños recibirán abrazos y besos por su trabajo, un sacerdote o pastor tendrá una audiencia cada Domingo por la mañana, los profesores universitarios tendrán la adulación y admiración de sus alumnos, y los terapeutas y médicos verán cómo sus palabras son tratadas como si fueran la Biblia y obedientemente se llevarán a cabo por sus pacientes.


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Capítulo 10
El lograr validación a través de la habilidad para realizar algo es una de las maneras que estos individuos utilizan para manejarse en nuestra sociedad. Estos individuos frecuentemente son exitosos "cumplidores profesionales", y solo unos pocos observadores adivinarían una falta de auto-estima. Su competencia para realizar tareas, sin embargo, es tanto una bendición como una maldición. Por una parte, el abogado que es un héroe con sus clientes eleva su autoestima en su trabajo; por otro lado, si intenta dejar ver su necesidad de validación a personas cercanas, tal vez se tope con incredulidad - o, peor aún, con resentimiento y rechazo. Muy seguido, cuando algún sobreviviente exitoso pide ayuda, se encuentra con la actitud "¿Y tu de qué te quejas?".

Si la competencia es la única manera que el individuo conoce para probar a otros y a si mismo su valía, entonces debe, por definición, llevar a cabo tareas. Por tanto siempre debe haber más cursos qué tomar, más grados académicos qué obtener, más trabajos dónde servir de voluntario, más equipos de Ligas Pequeñas qué entrenar, más galletas qué cocinar, más clientes qué firmar, más almas qué salvar, y mas y mas. Las raíces de esta adicción al trabajo se encuentran en los hogares narcisistas; "Hago, por tanto soy" podría ser el eslogan de muchos adultos niños de estos hogares.

Obviamente, esta necesidad de validación externa como una compensación a la baja autoestima puede causar problemas en el trabajo. La arena donde más comúnmente es un problema, sin embargo, es en la de las relaciones interpersonales. Pocos de nosotros desposamos animadoras (cheerleaders), y aún la esposa de un sobreviviente a menudo siente que ese es el rol que se espera de ella. El sobreviviente tiene gran dificultad en toda situación donde no tiene una total aprobación y apoyo. Esto puede ser una onerosa carga para la esposa, pareja o hijo del individuo, ya que rara vez aprobamos la totalidad de sus acciones, palabras e ideas. Esto es doblemente complejo, ya que la persona tal vez tenga problemas para discriminar entre la crítica (falta de aprobación) a sus acciones y la crítica a su persona. El corolario "Hago, por tanto Soy" es "Desapruebas lo que hago, desapruebas a mi persona".

La tendencia a generalizar la falta de aprobación de comportamientos específicos (palabras, ideas y demás) a la falta de aprobación a si mismos como seres humanos es una de las áreas mas problemáticas para estos individuos. Su visión del mundo hace que el concepto de crítica constructiva sea una contradicción de términos. Si el desaprobar cualquier cosa que haga es desaprobarme a mi, entonces no hay nada "constructivo" sobre eso; corrección es rechazo. El empleador o supervisor de estos individuos pasa por una pesadilla para corregirlos en el trabajo, ya que el empleado se encuentra destruido virtualmente por la más mínima sugerencia amable.

Por el contrario, el adulto niño criado en una familia narcisista tal vez tenga problemas para ser un buen empleador, gerente o administrador, porque ella o él también igualan corrección con rechazo y tal vez tengan grandes dificultades para hacer una corrección necesaria o imponer disciplina en su staff. Ella tal vez se sienta incapaz de usar apropiadamente el poder inherente a su posición.

Poder y Responsabilidad

En el Capítulo Cuatro introdujimos la dualidad de la responsabilidad y el control. Esta dualidad de poder y responsabilidad también es problemática para los individuos provenientes de familias narcisistas. Ya que estos individuos están propensos a asumir responsabilidad por cosas que no controlan, pero rechazan asumir responsabilidad por las que sí controlan, tienden a ejercitar el poder que no tienen y reniegan a usar el que tienen.

El abuso del poder tiene que ver primeramente con el síndrome todo-o-nada (vea el Capítulo Seis). Por ejemplo, si un sobreviviente preside un comité, tal vez piense que tiene “todo” el poder y pase por encima de los miembros (con juntas innecesarias, llamadas tarde en la noche, reportes excesivos, etcétera) para que el “trabajo sea bien hecho”. La traducción de todo esto es que el presidente tiene poca confianza en si mismo o en cualquier otro así que sobre-compensa esta falla al usar su poder de manera invasiva. No tiene la confianza para delegar autoridad o tareas, así que supervisa excesivamente y pregunta dos veces a todos hasta que los demás se vuelven miserables (la parte de “todo”); luego, cuando los miembros del comité se quejan, renuncian o se rebelan, lanza sus brazos al aire y abandona, o se retrae y rechaza permanecer en la posición de líder (la parte de “nada”).

Lo que es más común para los adultos criados en familias narcisistas, sin embargo, es la infra-utilización del poder. Estos individuos la pasan mal conceptualizando el hecho que al utilizar de menos o rehusarse a tomar el poder que legítimamente les corresponde también están abusando del poder. Los sobrevivientes narcisistas son particularmente susceptibles a esta condición porque (1) al centrar su visión en la realización de tareas (Hago, por tanto soy) se convierten en buenos trabajadores, inclinados a lograr el éxito en su campo de trabajo, y (2) su baja autoestima y falta de confianza les dificulta el aceptar la realidad de su poder. Uno no puede usar el poder que no sabe -o rehúsa aceptar- que tiene. Pero el rechazar o no reconocer que uno tiene poder constituye también inherentemente un abuso.

La dificultad para aceptar y usar el poder apropiadamente puede enraizarse profundamente en estos individuos. Ya que todos han sido bien entrenados en sus familias narcisistas para ser reflectivos y reactivos y tienden a ser complacientes. Esta necesidad de aceptación frecuentemente se enmascara en un tipo de hiper-democracia: No puedo tomar una decisión (o realizar un juicio, o terminar una discusión) porque debo de ser justo con todos.

Traducción: tengo miedo que alguien no me apruebe. Esta indecisión enmascarada de “justicia” es un abuso de poder, y es percibido y resentido por aquellos que afecta. El poder acarrea responsabilidad; la voluntad de usar el poder correctamente y la integridad para respaldar la decisión final que el poder implica es de lo que se trata la responsabilidad. Fallar en seguir alguna línea es abusar de aquellos que dependen del poder.

Por ejemplo, vayamos de vuelta al comité descrito arriba. Esta vez, sin embargo, el presidente es un buen tipo. Quiere asegurarse que todos digan lo que tengan que decir, que las decisiones sean populares, y que todos se sientan bien. Estas reuniones resultan interminables porque no se limita la discusión; nunca hay decisiones, porque no todos están de acuerdo; y las reuniones son horrendas, porque los miembros que cargan un látigo dominan los procedimientos. El presidente está rechazando usar su poder, y todos sienten sus efectos abusivos. Luego, cuando los miembros del comité se quejan, renuncian o rebelan, lanza sus brazos al aire... ¿Suena familiar? La infra-utilización del poder deja a los mismos individuos sintiéndose igual que con el abuso de poder: sienten que no es correcto.

La realidad del Ahora

El truco, por supuesto, es la aceptación de la realidad del ahora. Justo como el hecho de aceptar el pasado (vea el Capítulo Cuatro), estos pacientes necesitan ayuda para aceptar la realidad de quiénes son ahora como adultos. Ya que las viejas cintas del pasado vuelven a reproducirse, instándolos a no sobrepasarse a si mismos o “sentirse muy grandes” (diciendo, “Estás siendo egoísta” o ¿Quién te crees que eres?”), estos pacientes en verdad necesitan bajarse de su nube y averiguar quiénes creen que son, para reorientarse en su poder y responsabilidad de adulto - conocido también como el tesoro.

El Tesoro

La guía mas efectiva que hemos encontrado para ayudar a que los pacientes enfrenten a la realidad del ahora, aceptación del poder y responsabilidad y el miedo al rechazo que los lleva a ser “personas complacientes”, es una que llamamos “el tesoro”. Es esencialmente el reconocimiento, por parte del paciente, de que lo que fue (en términos de carácter, talentos y rasgos)- y lo que es- es un tesoro. Es único y particular para cada uno(a), y tiene valor.

Les pedimos a los pacientes que nombren su color favorito y su piedra preciosa favorita. Algunos responden “lavanda” y “zafiro”. Les digo que se imaginen a si mismos como un zafiro color lavanda; es mucho mas raro que un zafiro azul, y por tanto es mucho mas valioso. Pero hemos notado que también está la posibilidad de que, ya que es tan inusual, que muchas personas no los reconozcan como zafiros. Tal vez piensen que es una amatista - bonita, pero no muy valiosa. Les pregunto a los pacientes si eso afectaría el valor de la gema; la respuesta, por supuesto, es no. El valor inherente de la piedra permanece a pesar que alguien sepa lo que es o no.

Después les decimos a los pacientes que a algunas personas probablemente no les guste la gema; que tal vez la arrojen a la basura, o que la usen en su pecera. ¿Eso afecta el valor de la piedra? La respuesta es de nuevo, no. Así mismo, algunas personas pueden decir “Ohh! ¡Un zafiro color lavanda! ¡Que feo! ¡Todos saben que los zafiros deben ser azules! En nuestra familia, solo usamos zafiros azules. Usted es diferente, y lo diferente es malo.” ¿Pero acaso eso afecta el valor intrínseco del tesoro? Luego exploramos las posibilidades de una identificación equivocada, devalúo, y rechazo de la gema. Cada vez concluimos que el valor de la piedra -del tesoro- no es dependiente del reconocimiento de otros; tiene un gran valor intrínseco, genuino y grandioso.

Cuando el paciente puede visualizarse como un tesoro, (como un zafiro color lavanda), está listo para verse a si y a sus relaciones de manera diferente. Está instruido para mantener la idea del tesoro en la frente - para verse como un zafiro color lavanda, esmeralda amarilla, o lo que sea- toda la semana, y juzgar las reacciones de otros en base a esa perspectiva. Por ejemplo, si alguien no lo valora (a su tesoro) mucho, tal vez sea porque es ignorante - no saben que es un zafiro color lavanda. Esto por supuesto es una pena, pero no devalúa al zafiro. Habrá otras que reconozcan el valor y aprecien el tesoro; el truco está en encontrarse con estas personas y no sentirse descorazonado por las otras. Si algunas de esas otras pueden ser educadas para valorar al zafiro, sería genial. Pero si alguien escoge permanecer en la ignorancia y rechazar lo que no entienden, pues ni modo. Para otros, el valor tal vez sea irrelevante, es solo que no les gustan los zafiros color lavanda. Eso está bien; sin embargo, no le quita valor a la piedra.

Cuando los pacientes regresan la siguiente semana, usualmente comienzan hablando de su “zafiro lavanda”. No lo olvidan y eso afecta la manera como se ven a si mismos. Pueden entender más fácilmente sus responsabilidades y poderes desde esta nueva perspectiva. También tienen un nuevo marco de referencia desde el cual procesar el rechazo. El concepto de verse a si mismo como un tesoro es poderoso para los pacientes. Lo que uno tiene - lo que uno es – es un tesoro, uno se siente y actúa diferente. Uno no tiene que hacer nada para ser valioso; la visión del “Hago, por tanto soy” se vuelve irrelevante. El nuevo discurso es “Soy, por tanto tengo valor”.

Conclusión

De acuerdo a los terapeutas que han sido entrenados en el uso del modelo de familias narcisistas, una ventaja particular del modelo reside en su habilidad para permitir a los pacientes ver a su familia de origen de tal manera que les permita sentirse menos “defectuosos de manera especial” (o como algún paciente se describió, menos “terminalmente únicos” y mas genuinamente valiosos; es una terapia positiva y esperanzadora de cierta manera. Estos practicantes se han sentido validados en su trabajo al tener un marco de referencia desde el cual operar – un modelo que agrega técnicas así como estructura y es apropiado con un gran porcentaje de pacientes.

Numerosos pacientes han comentado que es refrescante y reafirmante el que su terapeuta tome un rol mas activo y directivo en su terapia. Los hace sentir mas confiados en la habilidad del terapeuta para ser facilitador de un cambio positivo. Es reafirmante para los pacientes el saber que su terapeuta tiene una meta para la terapia y que puede guiarlos a través de etapas predecibles en su camino hacia la misma.

miércoles, 16 de junio de 2010

Intimidad, Sexo y Amistad

Stephanie Donaldson-Pressman, Robert M. Pressman
Narciso y Eco. El Sistema Narcisista Original
El Modelo de la Familia Narcisista - Capítulo IX
La Familia Narcisista - Diagnóstico y Tratamiento
Editorial: Jossey-Bass


Aunque los temas de confianza e intimidad fueron ampliamente discutidos en otras secciones del libro (vea Capítulo Ocho), el tema de la intimidad sexual merece un estudio aparte. ¿Recuerda la historia de Jenny del capítulo previo? Jenny no podía entender cómo las experiencias de su niñez podían impactar su sexualidad siendo adulta, especialmente después de experimentar años de interacción sexual "normal" con varios hombres. Lo que Jenny no entendía es que hay un mundo de diferencia entre el sexo recreativo o de procreación y el sexo como compromiso y expresión de un sentimiento profundo. Como dice la heroína de un reciente best-seller "En cierta manera, amar es fácil. Lo que cuesta es confiar"(1). Nuestro corolario sobre ello es que el sexo tal vez sea fácil, pero la intimidad cuesta.

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Como muchos adultos que crecen en familias narcisistas, Jenny fue capaz de tener relaciones sexuales satisfactorias con su marido en los primeros años de su noviazgo y matrimonio. Fue una época muy intensa y la naturaleza apasionada y juguetona de su relación hizo del sexo algo excitante. Cuando la relación evolucionó hacia el trabajo, los hijos (que ya eran mayores e independientes), y un marido que había sentado cabeza y que buscaba una relación comprometida, Jenny entró en pánico. Su facilidad para alcanzar el orgasmo desapareció, seguido al poco tiempo de la pérdida del apetito sexual.

Jenny era capaz de tener una vida sexual, pero no de intimidad. En las etapas iniciales de las relaciones de los sobrevivientes, la sexualidad tiende a ser enfatizada en detrimento de la intimidad. En los casos donde la pareja busca la intimidad, la relación a menudo termina. La sexualidad es a menudo algo que los adultos criados en sistemas narcisistas hacen bien, porque gran parte de ser un compañero sexual deseable involucra el ser capaz de reflejar los deseos del otro y ser capaz de reaccionar apropiadamente –es decir, ser una persona reactiva/reflectiva. Cuando la relación madura (y se aleja de lo que uno de nuestros colegas llama "la etapa del fuego blanco"), entonces las relaciones sanas se mueven en dirección a la intimidad.

Asesoramiento Sexual: La Crisis de la Comodidad

Para el terapeuta que da asesoramiento sexual a sobrevivientes de familias narcisistas, la evaluación inicial es a menudo engorrosa porque la naturaleza de los problemas sexuales es mucho menos importante que la calidad de la amistad. Si la pareja no puede relacionarse satisfactoriamente como amigos teniendo una comunicación abierta y de confianza, el asesoramiento sexual fracasará muy probablemente.

Es apropiado en este punto discutir las opciones terapéuticas concernientes al desempeño de la terapia sexual. Mientras que hay terapeutas que escogen especializarse en niños y familias, otros en criminales o esquizofrénicos hay otros que se interesan y se encuentran cómodos con el asesoramiento sexual. Pero no es para todos. Como comentó uno de nuestros terapeutas durante un estudio de supervisión de pareja, "Me gusta hacerlo (el acto sexual), ¡pero no puedo hablar de ello como tú lo haces! ¡No sé cómo puedes hablar sobre esas cosas (sexo oral) con los pacientes!"

Sólo porque los terapeutas no tengan trabas sexuales no quiere decir necesariamente que disfruten hablar del tema en profundidad con los pacientes, y el disfrutar es importante. Si el terapeuta se siente cómodo, los pacientes también lo estarán; si él se siente incómoda, ellos lo percibirán y se sentirán renuentes a iniciar discusiones que toquen temas profundos. Peor aún, los pacientes tal vez interpreten la incomodidad del terapeuta como prueba de que en verdad hay algo malo en ellos, sexualmente hablando, que están enfermos, pervertidos, anormales, etcétera.

Probablemente no haya tema de discusión más difícil para las parejas que el sexo. En nuestra sociedad, el sexo está cargado de tantos valores emocionales - morales, de desempeño e identidad- que las parejas a menudo llegan físicamente casi enfermas a la consulta ante la perspectiva de "quedarse completamente desnudas" ante el terapeuta y que les diga que lo que hacen (o como lo ven, lo que tienen y lo que son) es inadecuado. A fracaso sexual percibido es igual a fracaso personal percibido. Así de intensos son los sentimientos de estas personas acerca de su desempeño sexual. Cuando inician el asesoramiento sexual llegan tan tensas a la primera sesión que resulta casi doloroso verlas.

Por eso, si el terapeuta también se siente nervioso o incómodo, la situación está expuesta al fracaso. Los pacientes empezarán a responder con la pretensión de tranquilizar (en otras palabras, agradar) al terapeuta. Se volverán reactivos/reflectivos en vez de responder honestamente (es decir, ser sus propios abogados y cubrir sus propias necesidades), y probablemente abandonarán la terapia después de unas cuantas sesiones.

En nuestra consulta, sin embargo, hemos observado que si el terapeuta disfruta de su trabajo, encontrándolo excitante e inclusive divertido, pronto hará sentir cómodos a los pacientes, convalidará sus sentimientos de ansiedad hasta normalizarlos y llevará la sesión inicial de tal manera que resulte realmente interesante y agradable. Los pacientes se irán pensando, "Cielos, eso no fue tan malo después de todo", y volverán a la semana siguiente. No se sentirán como unos degenerados, raros o fracasados, sino que albergarán esperanza.

En nuestra perspectiva, el asesoramiento sexual es como la mayoría de las terapias: consta de un 30 por ciento habilidad, 30 por ciento práctica y 40 por ciento alquimia. Si el terapeuta se siente avergonzado o incómodo al discutir temas sexuales (por ejemplo, técnicas de sexo oral, estimulación del clítoris, fantasías sexuales, pornografía, homosexualidad, masturbación, etcétera) con los pacientes, y se revela necesario un asesoramiento sexual en profundidad, es posible referir a la pareja a un colega para esa "parte" de la terapia. La remisión se hará con el claro entendimiento por parte del colega y de los pacientes que continuarán con el primer terapeuta una vez que el segundo acabe con esa "parte".

En nuestro entrenamiento de grupo, a veces realizamos el asesoramiento sexual en equipo (usualmente hombre/mujer). Dentro de este marco se puede juntar un terapeuta más experimentado y cómodo con uno que tenga menos experiencia y que se sienta más incómodo. A pesar que el terapeuta menos experimentado pueda sentirse más nervioso en un principio, él o ella puede beneficiarse al imitar las técnicas relajadas y directas del co-terapeuta. En nuestras consultas, también es común que los terapeutas envíen a parejas (o personas) a otro terapeuta por un número limitado de sesiones para recibir asesoramiento sexual específicamente, como descrito más arriba. También es común que enviemos parejas a otros terapeutas para recibir asesoramiento matrimonial o para que participen en grupos de parejas. Una vez resueltos los temas, la pareja o la persona puede volver a su terapeuta original.

Personalmente nos inclinamos a favor de la terapia de grupo, porque los pacientes estarán mejor atendidos si les facilitamos el acceso a terapeutas expertos en áreas especializadas. Estos intercambios de terapeutas son tan comunes en nuestro consultorio que a menudo se lo notificamos a los pacientes desde las primeras sesiones. Como terapeutas, no nos ayudamos a nosotros ni a los pacientes si creemos que podemos -o debemos- manejar todos los matices de la terapia igualmente de bien. Nadie puede hacerlo todo, pero todos sabemos hacer algunas cosas bien. Podemos encontrar otros terapeutas que pueden desempeñarse competentemente en áreas de especialización diferentes a las nuestras y podemos referirnos a ellos si es necesario.

Amistad

Los adultos de familias narcisistas son a menudo personas solitarias. Aún estando frenéticamente ocupados "haciendo" cosas con un grupo de personas es frecuente que no tengan amigos íntimos y suele resultarles particularmente difícil entablar amistades con su mismo sexo. ¿Recuerdan a Bárbara (en el Capítulo Siete), la paciente que seguía sintiéndose apenada y anormal veinte años después por no tener el tipo de amistades descritas en una película? Parte de su tristeza se basaba en la fantasía de que "todos los demás" tenían varias amistades íntimas con quienes podían compartir sus sentimientos más íntimos. Fue una revelación cuando se enteró que muchas personas se sentían igual que ella y que de hecho lo más normal era que la gente tenía suerte si conseguía tener una sola amistad íntima y un pequeño círculo de amistades menos íntimas con quienes compartir tiempo y actividades que no incluyera la parte más "obscura" o más vulnerable de uno mismo. Esto es aún más verdadero para los hombres, quienes por lo común sólo tienen amistades específicas dentro de una actividad (amigos del golf, póquer “con los amiguetes”) o relaciones específicas del trabajo. Aún entre muy buenos amigos es raro encontrar intimidad entre varones. Es más corriente que los hombres compartan la intimidad con una amiga que tener este tipo de relación con un hombre.

En nuestra sociedad es un hecho triste, estúpido e inexcusable que por muy mal que estén las cosas, las mujeres se mantengan a menudo unidas pero que los hombres a menudo estén solos. En nuestra cultura, el mito del macho los aísla: si los hombres verdaderos no comen quiche, desde luego que no empezarán sus conversaciones diciendo "yo siento". Cuando las mujeres están tratando de aprender a confiar y buscan relaciones amistosas, es probable que se vinculen con mujeres sanas y entregadas. Si los hombres trataran de hacer lo mismo, es probable que iban a experimentar el rechazo por hombres que temen a la intimidad. En esta sociedad homofóbica, los hombres que gustarían de tener la libertad de hablar de sus sentimientos y gustarían de tener amistades íntimas con otros hombres a menudo son vistos con sospecha, con temor a que esa intimidad conduzca a una relación sexual. Tal vez esa sea la razón por la que esos hombres buscan tener amigas; desde luego, estas relaciones pueden ser problemáticas por la misma razón. En nuestra sociedad, la intimidad y la sexualidad están estrechamente unidas.

Aunque existe un componente sexual en todas las relaciones, las amistades mujer/mujer parecen tener menos problemas en ésta área que las amistades hombre/hombre. Es común ver amigas abrazarse cuando se encuentran o cuando se despiden; uno tiene que buscar exhaustivamente para ver lo mismo entre hombres.

Si bien no hay conflicto sexual en las amistades mujer/mujer, el conflicto competitivo sin embargo es corriente. La sociedad contribuye a este conflicto mujer/mujer al limitar las oportunidades para las mujeres. Sólo hay unas cuantas oportunidades de liderazgos y carreras para las mujeres, por lo que hay más competitividad para las oportunidades disponibles. Para los niños adultos de hogares narcisistas hay sin embargo una dimensión agregada. Cuando uno no está criado en una atmósfera de aceptación y amor incondicional, está propenso a creer que un amigo sólo le aceptará si cubre sus necesidades. Y ya que fueron criados pensando en lo difícil que es cubrir las necesidades de los demás y cuán doloroso resulta el rechazo si uno falla, no es de sorprender que estas personas a menudo sabotean las amistades.

Demasiado exigente, demasiado condescendiente, demasiado generoso, demasiado inhibido, demasiado manipulador, demasiado errático, demasiado invasivo, demasiado ausente, demasiado responsable, demasiado irresponsable -son algunos de las formas de relacionarse propias de los sobrevivientes con sus amistades. Esencialmente es un falso intento de controlar, similar a la manera del niño que intenta tomar el control en su familia narcisista. Es el comportamiento controlador destructivo que dice “ya que me rechazarás de todos modos, lo haré a mi manera” que aprenden aquellos que temen (o saben) que no tienen ningún control genuino.

Relaciones

Las personas que intentan establecer relaciones con estas personas a menudo sienten que "no se conectan" emocionalmente. El mensaje suele ser a menudo "Quiero que entres - pero sólo hasta cierto punto" o "¡sólo a veces y tú eres el que tiene que averiguar cuando me viene bien y cuando no!". A la inversa, estas personas pueden intimar rápidamente, sólo para luego asustarse de esta intimidad y alejarse abruptamente. Quieren intimidad -la ansían, de hecho- pero temen que (1) no puedan sostener una relación debido a sus defectos (2), que la otra persona pida cosas que no estén dispuestas o no puedan cumplir, o (3) que la otra persona averigüe qué tan defectuosos son y los rechacen.

Por lo tanto, la solución a la incomodidad que provoca la intimidad descontrolada suele ser el intento de controlar el grado de intimidad, provocando con frecuencia el fracaso de la relación. Ser poco íntimo es como estar poco embarazada; no sucede en el mundo real. La relación se convierte en una profecía que se cumple mecánicamente: el individuo sabe que fracasará y por tanto su actuación se basará en provocar ese resultado. Puede ocurrir que la pareja o amiga se retire a la larga debido a la desigualdad de la relación, o que el sobreviviente se adelante motivado por el miedo o por sentimientos de descontrol y acabe la relación (la escuela del mecanismo de defensa "Te tendré antes de que me tengas a mi").

Como se mencionó arriba, el establecimiento del falso control es una de las lecciones aprendidas en los hogares narcisistas. Obviamente, las personas que fueron "la otra mitad" en estas relaciones se sienten utilizadas y heridas, víctimas de un rechazo abrupto que no comprenden.

Ambos extremos del espectro al mismo tiempo

La extraña yuxtaposición de ambos extremos del espectro que se presentan simultáneamente en un rasgo dado de personalidad es un factor común en adultos criados en familias narcisistas (2) (Vea el Capítulo Tres donde se discute la caracterología dual representada en el mito de Narciso.) Una de las cosas interesantes que suceden en la terapia de grupo con sobrevivientes de familias narcisistas es que reconocerán, generalmente por primera vez, que manifiestan ambos extremos de un rasgo particular al escuchar como otros miembros del grupo hablan de dicho rasgo.

Jean: "No confío en nadie. Sé que una parte importante de mi problema con los hombres es que los mantengo a distancia. Acaban diciendo ‘al diablo con esto’ y buscan a otro más abierto".
Sarah: (Asintiendo vigorosamente) "Esa soy yo también"
Lizzie: "A veces creo que lo hago también, pero otras veces descubro mi alma ante otro. Tú sabes - conozco a un tipo en una fiesta, le cuento la historia de mi vida, ¡y me acuesto con él!"
Sarah: (Asintiendo vigorosamente) "¡Esa soy yo también!"

El Muro de Plástico

El concepto de la erección de barreras psicológicas (o muros) como defensa en contra de la intimidad y la posibilidad de sentir dolor ha sido bien documentado y descrito en la literatura. Quizás la ilustración más sucinta y útil de este concepto se encuentre en (“Superación Del Dolor” de Eliana Gil) (3). Desde luego, el problema inherente a los muros psicológicos es el mismo que nos encontramos con los muros reales: nos mantienen a salvo pero también pueden aprisionarnos. Como Frost dijo:

Antes de construir un muro, me interrogaba para saber
De qué protegería o de qué apartaría
Y a quién podría yo ofender.
Hay algo ahí al que no le gusta el muro
Quiere derrumbarlo (4)

Pero muchos sobrevivientes quieren de verdad a sus muros y no los quieren derribar. Un sobreviviente altamente funcional de familia narcisista puede aparentar haber derribado el muro y mostrarse abierto emocionalmente de una manera apropiada. Esto es prácticamente cierto en la mayor parte del tiempo. Sin embargo, cuando se siente amenazado se aparta, volviéndose distante, frío e indiferente. Sus más allegados pueden sentirse repentinamente aislados. Se asustan y llenan de pavor pensando que pueden perder a su ser amado o a sus padres; se sienten culpables y responsables.

Los adultos que muestran el “muro de plástico" (visualice a alguien envuelto en papel plástico - no es muy denso, pero es definitivamente protector) son frecuentemente productos de una familia encubiertamente narcisista: pueden ser vistos y tocados y tal vez hagan todas las cosas correctamente, pero en tiempos de estrés intenso hay un elemento emocional que está ausente. Las parejas de estas personas aprenden rápidamente a no presionar demasiado: no por miedo a provocar violencia física, sino por miedo a su total rechazo. Cuanto más amenazadas se sienten estas personas, más intelectuales, frías, calladas, ausentes e indiferentes se vuelven. La intelectualización es su mecanismo de defensa por elección.

Usamos el término muro de plástico, en vez de muro, para diferenciar grados de aislamiento emocional. Los sobrevivientes de abuso traumático llegan a ser totalmente aislados emocionalmente. Todos los terapeutas han trabajado con personas que se permiten no sentir nada en absoluto y no permiten que alguien se les acerque emocionalmente; gran parte del Capítulo Ocho trata de este tipo de pacientes. Pero el sobreviviente que erige un muro de plástico es diferente. Estas personas tienen "aperturas" a través de sus paredes y son capaces de compartir una relación amorosa e íntima. Son buenos padres, esposos(as), amantes o buenos amigos(as)- hasta que algo sucede. Por regla general, suele ser una combinación de varios factores, el resurgimiento del factor estresante original o la amenaza de un mecanismo de defensa bien establecido. Por ejemplo, cuando la pareja de estas personas se queja que trabajan demasiadas horas (en defensa contra su sentimiento de incompetencia) o beben demasiado vino en las fiestas (su manera de relajarse) o se acuestan demasiado tarde para hacer el amor (su manera de lidiar con los sentimientos personales de falta de atracción), el muro de plástico suele erigirse.

El muro de plástico rara vez sale a la superficie durante la terapia individual, ya que normalmente sólo lo ve la pareja. Sin embargo, una manera de manifestarse en la terapia individual es cuando el paciente habla de los sentimientos usando palabras apropiadas ("me sentí herida" o " me sentí enojada", por ejemplo), pero el sentimiento correspondiente no está o sólo un destello. El paciente sabe lo que siente, pero se está protegiendo de experimentar esos sentimientos. Si su forma de ser es así en terapia, probablemente lo sea con su pareja. Como mencionamos anteriormente, el fenómeno del muro de plástico entra más dentro del terreno del terapeuta especializado en el asesoramiento de las relaciones para personas educadas en familias narcisistas. Ya que el fenómeno del muro de plástico suele ocurrir en gente altamente funcional, se puede dejar de lado cuando reina una atmósfera de apoyo y cariño,

Hacemos hincapié en que esto se observa frecuentemente en personal militar o cuasi-militar. Como nuestro consultorio en Newport, Rhode Island está situado cerca del Colegio Militar Naval (Naval War College) un porcentaje relativamente alto de nuestros pacientes están enrolados en la Fuerza Naval Norteamericana, en la Guardia Costera o en la Guardia Nacional. Utilizan el muro de plástico en el trabajo como un mecanismo de defensa efectivo y conveniente. Más tarde cuando regresan a casa, el comportamiento sigue siendo el mismo a pesar de haber dejado de ser apropiado.

La historia de Amy y Jack. Amy y Jack fueron referidos a nuestra consulta matrimonial a través del programa de sus familias militares. Uno de los mayores problemas era la frecuencia de sus peleas. Prácticamente todas las noches al llegar a casa del trabajo (ella era nutricionista en la consulta de un doctor, él era suboficial de la Guardia Costera). Ella decía que mientras él podía ser el hombre más dulce y comprensivo del mundo, la mitad del tiempo no podía hablar con el: "No escucha mis sentimientos. ¡Actúa como si nuestra casa fuera la sala de justicia y él el fiscal! ¡Tengo que probar y respaldar cada cosa que digo! Que frío y arrogante se pone; ¡me siento como si estuviera esperando que me equivocara para saltar sobre mi y probar que estoy equivocada!"

Jack era una persona altamente funcional que había tratado los problemas derivados de su familia narcisista en una terapia anterior. Sin embargo seguía aferrado a su muro de plástico cuando se enfrentaba con situaciones estresantes; aquello funcionaba muy bien entre militares; pero simplemente no funcionaba en el hogar. Uno de los primeros cambios que la pareja accedió a hacer tuvo que ver con el comportamiento al llegar a casa: cuando llegarían a casa del trabajo, tendrían contacto mínimo hasta que Jack se hubiese bañado y puesto ropas de paisano. El despojarse de su uniforme militar era la señal que le diría que ya no era "Jefe", era Jack el esposo de Amy. Las peleas terminaron prácticamente y ambos aprendieron a reconocer y a manejar este comportamiento eficazmente.

Conclusión

Hasta que los sobrevivientes sean capaces de resolver sus múltiples problemas (confianza, responsabilidad y control, establecimiento de límites, etc., tendrán dificultad para establecer y mantener una relación íntima. Si llevan un cierto tiempo envueltos en una relación disfuncional tal vez estén renuentes a comprometerse completamente con la terapia por miedo a perder su relación si logran una mejoría. Cuanto menos obtengan de la relación, más pelean por salvarla (recuerde, cuanto menos tienen, más valioso se vuelve). Es importante subrayar a estos pacientes que la habilidad y rasgos de caracteres que les permitirán abandonar una relación, confiando en su capacidad para lograr una buena vida por su cuenta, son los mismos rasgos y habilidades que potenciarán sus oportunidades para hacer que funcione una relación. Aún cuando no hayan aprendido estas habilidades en su familia de origen, pueden hacerlo ahora.

miércoles, 9 de junio de 2010

Confianza y Terapia

Stephanie Donaldson-Pressman, Robert M. Pressman
Narciso y Eco. El Sistema Narcisista Original
El Modelo de la Familia Narcisista - Capítulo VIII
La Familia Narcisista - Diagnóstico y Tratamiento
Editorial: Jossey-Bass


La historia de Jenny. Jenny, atractiva e inteligente, es asistente legal, casada y madre de tres hijos adolescentes. Ingresó a terapia debido a que su atracción sexual hacia su segundo marido había menguado y temía hacer algo “estúpido” (como tener un amorío) para destruir la relación, tal como había sucedido en su primer matrimonio. Sentía que su vida había seguido un patrón de auto-destrucción, actos impulsivos y quería averiguar el motivo mientras tuviera la oportunidad de salvar su matrimonio.


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Capítulo 8. Confianza y Terapia.
El padre de Jenny era alcohólico y violento. Hombre militar de bajo rango, solía ausentarse por largos periodos de tiempo, y el dinero era extremadamente escaso. Había siete niños en la familia; la madre de Jenny sufría abuso, era pobre, agobiada y solitaria y “traía hombres a casa” durante las ausencias del padre. Jenny tiene recuerdos espantosos de su niñez sobre peleas entre sus padres estando ebrios e intentos de abuso por parte de su tío (el hermano adorado de su madre). Viendo a su tío como único soporte de su madre, Jenny no podía soportar contarle a su madre acerca del acoso y privar a su madre de su único aliado.

Desde sus primeros recuerdos, Jenny fue una niña ocupando el lugar de los padres y caracterizaba a su niñez como “estar siempre asustada; siempre tratando de ser invisible; tratando de ser una niña realmente buena para que nadie notara mi presencia y me dejaran sola”. Jenny por tanto fue criada en una familia abiertamente narcisista.

Recuerda una Navidad cuando tenía seis o siete años. Su padre vino a casa dos días antes de Navidad y por la mañana de la víspera, resueltamente, se fue con su hermano en busca de un árbol de Navidad. Los niños, por supuesto, estaban excitados con la perspectiva de tener un árbol, y pasaron el día con la preparación de sus adornos. El padre por fin apareció poco antes de la media noche, borracho, horroroso y sin árbol. Una terrible pelea se desató entre los padres. Jenny recuerda escabullirse en una esquina con su hermano menor, creyendo que si lo apretaba muy fuerte, de alguna manera se volverían invisibles, evitando así que la locura y crueldad del ambiente les alcanzaran. Estuvimos ahí toda la noche, recuerda, apretándolo siempre fuertemente “¡por mi vida estaba protegiéndolo, pero también lo estaba agarrando por mi vida!”

Al lidiar con sobrevivientes, la regla es que cuanto menos hayan recibido en términos de apoyo emocional, más temerosos están de perder lo poco que tienen. Por ejemplo, Jenny recuerda que cuando tenía doce años, un horrible y tenebroso hombre de las montañas Ozarks llegó a su casa para negociar con la madre a Jenny. Había estado visitando a parientes en el barrio y observado a Jenny; quería llevarla a casa como “esposa” para su hijo. Jenny recuerda el terror que sintió, escuchando a la madre hablar con ese extraño sucio, ignorante y de apariencia salvaje que había estado observándola morbosamente cada vez que salía de la casa. Se escondió en el baño con su oreja pegada a la puerta. Creyendo que su madre la vendería, sabiendo que tendría que suicidarse si lo hacia, y temiendo no poder hacerlo con la suficiente rapidez y eficacia. La madre de Jenny no la vendió, pero a pesar de sus protestas “que ni siquiera se me había pasado por la cabeza”, hasta la fecha Jenny seguía sintiendo como que muy poquito faltó para ser vendida. Aún viendo estas y otras tantas historias de horror, Jenny continuaba refiriéndose a su madre como “su mejor amiga”.

Ahora, siendo adulta, Jenny relata: “Dejo que la gente me pisotee. No puedo hacer nada al respecto. Aún si digo algo, nadie me escucha. No tengo amigos íntimos. Siempre hago algo para alejar a la gente…Decir que tengo un complejo de inferioridad es como decir que los ingresos de Donald Trump están apenas por encima del margen de pobreza, ni siquiera se acerca a la descripción de lo tremendo de la situación.”

Después de dos meses en terapia, Jenny llegó a una sesión visiblemente enojada. Dijo que su esposo había querido hacerle el amor, y ella había dado una excusa – una vez más. A pesar de sentirse herido y enfadado, le contestó que trataba de ser paciente con ella porque sabía que yo venía aquí (a terapia) para enderezar la situación y que sabía que me estaba esforzando a fondo y que estaba seguro que todo se arreglaría pronto. ¡Me siento tan hipócrita! No estoy hablando de nuestra vida sexual; ya no me importa nuestra vida sexual. No he tenido un orgasmo hace años. Sólo estoy aquí hablando de mi y mi pasado. Quiero decir…Sé que probablemente todo esté relacionado, ¿pero cómo?”

Confianza e Intimidad

En la versión de Ovid sobre el mito, Narciso repetidamente le dice a Echo que no lo toque. “¡Aparta tus manos, no me abraces!” (1) La historia de Jenny es representativa de la manera como funcionan las cosas en muchas familias narcisistas y porqué, en la vida adulta, estos sobrevivientes tienen tanta dificultad para mantener relaciones íntimas. La intimidad se basa en la confianza. Teniendo confianza, se puede estar abierto ante las personas, dejar de estar a la defensiva y comunicarse abiertamente. Sin confianza, hay un baile “acércate/aléjate”, una postura “te dejo entrar, pero no demasiado ni por mucho tiempo” que lleva a la frustración, la hostilidad y usualmente al fin de la relación.

Siempre hay excepciones, desde luego, como las(os) esposas(os) y amantes que se aguantan a pesar de todos los mensajes distorsionados porque creen que la relación puede funcionar. Sin embargo hay excepciones pero es extremadamente difícil permanecer en una relación con alguien criado en un sistema narcisista (especialmente en uno traumaticamente abusivo) sin ser negativamente afectado por él o ella. Es difícil, por supuesto, ser capaz de desligarse de los mensajes distorsionados, sin que el ego salga herido, al escuchar “es culpa tuya – tú me hiciste eso a mí – tú exiges demasiado” (o el contrario, “¡todo es culpa mía – nunca hago las cosas bien!”) una y otra y otra vez sin muestras de hacerse cargo. El patrón más usual de esta relación es que acabe de tal forma que la persona sana consiga salvarse, o que la persona sana se vea afectada y la relación se convierta en sobreviviente/condescendiente, pero el condescendiente asume al menos parte de la responsabilidad por la disfunción del sobreviviente. Sin los elementos esenciales de la confianza, la intimidad no puede surgir.

Y así llegamos al problema de la confianza: la confianza nunca aprendida, o des-aprendida.

El Ciclo

El ciclo de aprendizaje a no confiar funciona algo así para los niños de familias narcisistas:

Estoy dolido. No hay nadie ahí afuera que me cuida realmente. Cada vez que me permito tener sentimientos, salgo herido. No quiero sentir. No sentiré. No tengo sentimientos. Si no puedo sentir, no estoy. No estoy, pero puedo observar y adaptarme. Puedo perderme, y ser el que tenga que ser para sobrevivir. Entonces podré tener una relación. Tengo una relación, pero no puedo confiar en ella (tal vez me hiera), y no puedo confiar en mi (no estoy). Así que no puedo dejar que se acerque demasiado; tal vez descubra que no estoy. Para protegerme, entonces, a pesar de ansiarlo desesperadamente, no puedo tener una relación amistosa e íntima. Así que saboteo la relación. Pierdo mi relación. Esto es doloroso (y el ciclo se repite).

Ya que la intimidad masculina/femenina frecuentemente implica una relación sexual, el sexo se convierte a menudo en un problema. El tópico de la disfunción sexual se discute en el Capítulo Nueve.

La Separación

Una de las ironías de este paradigma es que la calidad que permite a los niños “separarse” de sus sentimientos y sobrevivir durante su niñez vacía es la misma calidad que hace su adultez tan dolorosa. Todos los humanos quieren y necesitan intimidad; la incapacidad de lograr una relación íntima es sentirse emocionalmente despojado.

Los adultos criados en familias narcisistas aprenden a separarse de sus sentimientos. La habilidad para desarrollar esta separación es un mecanismo de defensa que mantiene a muchos niños con vida. El enfrentarse con la realidad de la situación – el enfrentarse con los sentimientos de temor al abandono, a la soledad genuina sin nadie que los apoye – es invitar al suicidio infantil. Los niños pequeños se suicidan realmente; por consiguiente, esta separación tiene una función protectora muy real.

La forma más severa de despersonalización o separación se encuentra frecuentemente en sobrevivientes con abuso sexual y físico. Una consulta especializada en terapia de incesto y otras formas de asalto sexual infantil, tendrá un alto porcentaje de pacientes con el diagnóstico de desorden por estrés post-traumático (DEPT), desorden de la personalidad limítrofe, o desorden de personalidades múltiples (DPM) (2). La reintegración del componente de los sentimientos (emoción, espíritu, alma) de la persona con su cuerpo físico es una labor difícil y a largo plazo.

A pesar de estar ambos a favor de terapias a corto plazo (por razones éticas, prácticas y financieras), las víctimas de abuso sexual traumático suelen ser pacientes a largo plazo. Cuando estas personas se presentan a terapia, a menudo quieren saber, “¿Por cuánto tiempo? La respuesta que damos es ‘de dos a cinco años’”. Curiosamente, las mujeres suelen aceptar esta respuesta, mientras que los hombres quieren negociar. Así que lo reducimos a dieciocho meses, y a los dieciocho meses renegociamos. Se necesita de dos a cinco años o más, aunque para algunos pacientes, no es necesario atender a sesiones semanales. El trauma sistemático por largos periodos en la niñez produce una amplia gama de mecanismos de defensa que no se observa en otros pacientes o no con la misma profundidad e intensidad; estas víctimas de familias traumáticas abiertamente narcisistas, tal vez tengan que asistir a terapia de forma intermitente durante la mayor parte de sus vidas.

Mecanismos de defensa extremos en casos de abuso traumático

Como se indicó previamente, los niños de familias narcisistas son reflectivos/reactivos; esto es, reflejan las necesidades del sistema de sus padres, en vez de explorar las suyas y por tanto desarrollan un comportamiento que es reactivo en vez de proactivo. Cuando el sistema de sus padres incluye abuso en la modalidad de asalto (palizas severas, violación o tortura ritualizada) la reflexión/reacción se vuelve infinitamente más compleja. Ahora, en vez de sólo despersonalizarse (remover la parte que siente del cuerpo como defensa contra el dolor), la persona puede separarse y fragmentarse (los sentimientos de ira van ahí, los sentimientos afectuosos van a otro lado, los sentimientos de traición por allá, los sentimientos asesinos por debajo, etc.). En nuestra práctica vemos esta fragmentación – en ausencia de psicosis – como un mecanismo de defensa provocado por el abuso (3).

Los terapeutas están usando cada vez más el diagnóstico del desorden de personalidad múltiple con algunos de estos sobrevivientes (4). Creemos que existe el riesgo que este síntoma (la fragmentación) sea inadvertidamente alentado y reafirmado al tratarlo como un desorden en si y por si mismo, en vez de tratarlo como un mecanismo de defensa que funcionó durante la niñez pero que necesita ser abandonado ahora. (5) En nuestra consulta llegan muchos sobrevivientes con personalidades fragmentadas que podrían ser diagnosticados acertadamente como DPM, quienes de hecho temen padecer este desorden. Preferimos tratar a estas personas bajo el concepto del DSPT o desorden de la personalidad limítrofe.

Como saben todos los terapeutas expertos, se considera como normal cierto grado de variación en la personalidad. En personas funcionales llamamos a esto socialización y la etiquetamos como habilidad, no como una categoría de diagnóstico. Cuando el mecanismo de defensa es más dramático – cuando las personalidades van y vienen varias veces en el transcurso de una hora - y cuando el terapeuta está encerrado en un cuarto, solo, con este tipo de persona, puede llegar a ser espantoso, especialmente si el terapeuta no tiene experiencia. La tendencia del terapeuta será la de tratar al síntoma más de lo necesario. Sabemos, por ejemplo, que no debemos hablar de comida con un anoréxico; en su lugar, hablamos de peso (6). El hablar de comida es provocar un comportamiento defensivo y reafirmar el síntoma. En nuestra perspectiva, también puede ser así con personalidades fragmentadas – el atender a ese síntoma desproporcionadamente es reafirmarlo. Los sobrevivientes de abuso traumático son a menudo personas con poco sentido de si y como tal son altamente sugestionables. Se pueden presentar con todo tipo de creencias místicas y síntomas extraños. En terapia, el mecanismo de defensa de disociación desarrollado en la niñez fácilmente se convierte en DPM.

La historia de Keith. Keith se auto-describe como drogadicto en recuperación y gran bebedor, es un hombre apuesto y atlético acercándose a los cuarenta, soltero sin hijos. Inició terapia con desconfianza extrema, pero estaba desesperadamente temeroso de que se estuviera volviendo loco y terminara suicidándose. Aún a pesar de ser miserablemente infeliz en todas las áreas de su vida, de que estuviera totalmente aislado e incapaz de pensar en una razón para seguir viviendo, no quería cometer suicidio.

Keith provenía de una familia económicamente privilegiada. Ambos padres ostentaban grados académicos avanzados: su padre era una persona de tal renombre que hasta alcanzó el rango de celebridad en su campo de trabajo; y mientras su madre era una persona con una prominencia profesional en su propio campo, solamente trabajaba a media jornada para estar en casa con los niños. Keith y sus cuatro hermanos vivían lo que parecía el sueño Americano – padres famosos, hijos bien parecidos, solvencia económica, educación privada, una familia enternecedora que pasaba mucho tiempo juntos, vacaciones familiares, el “paquete” completo.

A pesar de ello, todos los niños de esta familia “perfecta” se involucraron con drogas desde su temprana adolescencia hasta su adultez. Ninguno se graduó en la universidad. Dos de ellos habían estado casados brevemente (por menos de dieciocho meses) y luego se habían divorciado. Cuando Keith inició terapia, sólo uno de los cinco tenía una relación. Los cuatro niños que eran heterosexuales estaban solos; el quinto había estado viviendo como homosexual por una década pero recientemente decidió que en realidad era bisexual y ahora estaba viviendo con una mujer.

Keith creía que se estaba volviendo loco porque sentía “presencias” en su casa, pero ahí no había nadie (vivía solo). Tenía horribles pesadillas de las cuales se despertaba gritando, con las sabanas empapadas de sudor, pero no podía recordarlas después. Dormía con las luces encendidas cuando lograba conciliar el sueño; bebía copiosamente antes de acostarse para poder relajarse lo suficiente para dormir. Sentía que era virtualmente invisible para los demás, aunque sentía que se burlaban de él. Se describía a si como “teniendo diferentes personalidades”: “Soy un bastardo rudo y malo; nadie me puede siquiera dirigir la palabra en el trabajo. ¡La gente que me conoce cambia de acera cuando me ven venir, de veras!”

Y así es su apariencia también: ojos rajados, casi reptilianos en su negrura; postura corporal tensa y agresiva; manos ya sea agarrando los brazos de la silla o empuñadas. Durante las sesiones, sus fantasías, el contenido de sus sueños y pensamientos eran brutales y espantosos. Cuando su personalidad “obscura” se manifestaba en terapia, la situación se volvía complicada y extenuante para el terapeuta.

Por razones distintas, también resultaba problemático cuando surgía el lado opuesto del lado “obscuro”. Esta personalidad era tan pasiva que era una tortura provocar cualquier reacción que no fuese rechazo. Se describía a sí como: “Soy un débil, un cobarde. La gente me pisotea. No puedo siquiera controlar los nervios al saludar a una mujer que veo todos los días en el camino al trabajo”. En estos momentos, Keith parecía pequeño y débil; se sentaba encorvado, protegiendo las manos en su regazo. Su voz y postura gritaban “víctima”. A pesar que Keith manifestaba un número de personas diferentes, estas dos eran las más prevalecientes. A menudo se intercambiaban la una con la otra durante las sesiones.

Este no era el primer terapeuta de Keith. Anteriormente visitó a otro que lo atendió por dos sesiones; aquel terapeuta recomendó a Keith al terapeuta actual con el comentario: “¡No sé qué está sucediendo aquí – tal vez abuso sexual- pero definitivamente está fuera de mi área de competencia!” Los instintos del primer terapeuta estaban en lo cierto. A medida que la terapia iba progresando, se reveló que Keith y sus hermanos provenían de una familia profundamente narcisista donde habían sido abusados sexualmente por ambos padres, prostituidos a amigos y colegas, y también ritualmente abusados. Ninguno de ellos tenía recuerdo del abuso previo.

Tres semanas después de haber empezado la terapia (y Alcohólicos Anónimos), Keith comenzó a recordar sus sueños y, por sugerencia de su terapeuta, los iba anotando en un diario de sueños. Cuatro meses después comenzó a tener recuerdos fugaces. Al año de haber comenzado la terapia recibió una llamada de su hermana, quien también había empezado la terapia: su terapeuta le había preguntado si había sido abusada sexualmente, y respondió “si” pero sin saber porque. ¿Acaso tenía él algún recuerdo? Tres años después, cuatro de los cinco hermanos asistían a sesiones de terapia durante las que extrajeron muchos recuerdos sobre abusos de violación. No compartieron sus memorias, pero al menos convalidaron el hecho de que todos sufrieron abusos infantiles.

Keith comenzó a entender porqué su personalidad se había fragmentado e inició un “diario de sentimientos” para ayudarlo a identificar lo que estaba sintiendo y cómo expresaba esos sentimientos. Después de cinco años de terapia, el aspecto y comportamiento de Keith son “normales”. Lleva una vida productiva y está involucrado en actividades saludables que le proporcionan placer. No siempre se siente normal (lo que sea que eso signifique), pero se siente mejor de lo que se ha sentido nunca. Dejó el alcohol y las drogas y se esfuerza en ampliar el tipo de personas con quien relacionarse aparte de sus reuniones de AA y de SA y está desarrollando una vida social más satisfactoria. Su personalidad está integrada, está libre de fantasías escalofriantes sobre presencias malévolas y tiene pocas pesadillas.

Algunos terapeutas habrían puesto nombres a las personalidades de Keith, se hubieran dirigidos a ellas por sus distintos nombres, anclándolas aún más profundamente. Esto no quiere decir que el desorden de personalidad múltiple no sea una categoría de diagnóstico válido. Más bien aconsejamos a los terapeutas que sean precavidos a la hora de tratar estos sobrevivientes: no se precipiten a favor de un método de tratamiento que encapsule a los sentimientos de pacientes para evitar que el síntoma se solidifique y reafirme aún más.

Uso del Modelo de Familia Narcisista con Sobrevivientes de Abuso Sexual e Incesto por parte de Tutores o Protectores.

Las personas que han sido víctimas de abuso traumático, especialmente por parte del tutor o protector, se sienten particularmente avergonzadas. El daño inflingido por la persona que supuestamente debía de protegerlos y nutrirlos es especialmente dañino. La persona sobre la que el niño se volcaría normalmente para obtener consuelo cuando está dolido es la que causa el dolor. Por este motivo clasificamos ahora al abuso sexual por el clero como incesto: la familia le asigna al sacerdote (o monja, ministro, etc.) el papel de padre, además del apelativo común “padre” (refiriéndose también a hermana, hermano, etc.). Y la función de estas personas como protectoras espirituales y representantes de Dios, las separa de todas las demás gentes por orden de importancia/validez durante su niñez, excepto de los padres o protectores o tutores primarios. Los adultos que fueron agredidos por miembros del clero, ya sea de niño o adulto, tienden a imputarse el mismo grado de responsabilidad como víctima que aquellos importunados por sus padres.

Definir el abuso en término de “modelo de familia narcisista” puede ayudar a los pacientes a sentirse menos estigmatizados. Puede ayudarles a ver que en su familia de origen, sea cual sea la razón, (1) las necesidades y sentimientos de los niños no eran parte del enfoque primario, (2) que el sistema operativo en vigor propició que experimentaran dificultades a largo plazo, y (3) que una de las cosas que les puede suceder como niños criados en estos sistemas es el abuso sexual.

Volver a enmarcar el abuso resulta beneficioso. Sirve para cuantificarlo, considerarlo parte de una visión más amplia y conseguir que estos pacientes se sientan menos diferentes de los demás. Los sentimientos de aislamiento, singularidad y poca valía experimentados por personas víctimas de incesto presentan serios problemas durante la terapia; como uno de los pacientes dijo, “Siento como si tuviera un gran “yo” tatuado en la frente”. Re-enmarcar el abuso no lo minimiza, pero permite a los pacientes sentirse “parte de” en vez de “separados de”, y amplía el enfoque sobre lo que la persona hizo o no hizo dentro del sistema narcisista en si.

El rol del terapeuta

Un factor auto-identificado por Keith durante su recuperación fue su capacidad de confiar en su terapeuta: “Usted es la primera persona en la que permito confiarme (desde la niñez)…Usted me dijo que no estaba loco. Usted me dio esperanza”. Aprender a no confiar es doloroso pero es un mecanismo de defensa altamente funcional. Es difícil liberarse de un mecanismo que te ha ayudado a mantenerte con vida. A partir de entonces, aprender (o re-aprender) a confiar en la adultez conforma la primera tarea del sobreviviente durante la terapia. Si hay una persona capacitada para enseñar a un sobreviviente a confiar es el terapeuta.

Probablemente las funciones más importantes que el terapeuta desempeña con los sobrevivientes son las siguientes:

• Proveer aprobación y apoyo constante (a la persona, no necesariamente a las acciones).
• Modelar una comunicación abierta, adulta y sin prejuicios (incluyendo el “yo siento…yo quiero”)
• Proveer un foro de discusión educacional sobre opciones y consecuencias.
• Establecer parámetros de lo normal versus anormal, o saludable versus perjudicial, para que el sobreviviente tenga algunos ejemplos sobre los que apoyarse y evaluar experiencias, juicios y acciones pasadas y presentes.
• Ser digno de confianza: atender llamadas, llegar en hora a citas, actuar de manera profesional y consistente.

Paciente con personalidad limítrofe

Las familias narcisistas a menudo modelan pacientes con el desorden de la personalidad limítrofe. Más del 20 por ciento de nuestra consulta se compone de pacientes con personalidades limítrofes, lo cual es un porcentaje superior al promedio de la totalidad de los casos (7). Otros terapeutas que lidian con un alto porcentaje de pacientes criados en familias narcisistas probablemente tengan un alto porcentaje de pacientes limítrofes también. Como la mayoría de los terapeutas sabe, trabajar incluso con un solo paciente limítrofe es extremadamente extenuante; si el terapeuta atiende simultáneamente a varias personas así, es una invitación al agotamiento. Por este motivo, establecer los parámetros (listados arriba en “El papel del terapeuta”) resulta particularmente importante y difícil; cuando la confianza es un asunto tan delicado, la tendencia del paciente a poner a prueba al terapeuta de forma reiterativa es obvia.

Directrices terapéuticas

Sin embargo, cuando un paciente tiene una personalidad limítrofe, exagera su propensión a poner a pruebas la experiencia, disponibilidad y entrega del terapeuta. Por lo tanto resulta esencial que el terapeuta hable abiertamente del acuerdo contractual al tratar con estos pacientes. Esto incluye referencias claras y asertivas sobre:

• Acuerdos de pago
• Número, duración y frecuencia de sesiones;
• Contacto telefónico
• Disponibilidad en emergencias
• Agenda de vacaciones y
• Sustitución de otro terapeuta fuera de horarios

Ya que estos pacientes tienden a ser personas “todo-o-nada”, tienen poca habilidad para establecer límites y tal vez se sientan profundamente resentidos por los intentos del terapeuta de imponer límites en su relación terapéutica. En todo caso, el terapeuta debe fomentar la expresión y convalidación de los sentimientos de frustración, ira, resentimiento y miedo, insistiendo al mismo tiempo en que se sigua respetando los límites establecidos por el contrato paciente/terapeuta.

Adoptar un comportamiento que establezca límites de forma apropiada constituye un reto constante para el terapeuta. También es una de las contribuciones a largo plazo más valiosas que se le puede aportar al paciente, ya que gracias a la seguridad en la que se basa la relación terapéutica, el paciente puede aprender acerca de la confianza, establecimiento apropiado de límites, comunicación adulta respetuosa y lo que razonablemente puede esperar de otra persona en términos de satisfacción de sus propias necesidades.

Transferencia

La transferencia es siempre un asunto complicado al tratar pacientes que han sido abusados sexualmente. Estos pacientes suelen ser seductores en el sentido literal y también porque, más que otros pacientes, pueden encasillar al terapeuta como siendo “la única persona que puede salvarme”. Aunque es un sinsentido (hay muchos terapeutas competentes), puede resultar adulador y atractivo.

Por consiguiente es especialmente importante que el terapeuta se comporte de una manera que no invite a fantasías sobre “una relación especial” entre paciente y terapeuta. Hay que tomar muy en serio el asunto de seguridad, tanto por el bien del paciente como del terapeuta. Obviamente, el contacto social o sexual está prohibido por estándares éticos, de sentido común y cada vez más por la ley. Sin embargo, hay cosas más sutiles que presentan dificultades para los pacientes como por ejemplo recibir mensajes confusos que causen ansiedad.

Aunque la mayoría de los terapeutas ejercen el sentido común en la relación ética y legal, existen otros comportamientos más sutiles que pueden causar problemas en la relación terapéutica. Ya que ambos gastamos un tiempo considerable en la supervisión, somos conscientes que algunos de estos comportamientos problemáticos potenciales no son tratados adecuadamente en muchos de los programas de formación clínica, tanto en internados como en aulas. Con ese motivo los hemos incluidos aquí como consideraciones válidas para el tratamiento de adultos criados en sistemas narcisistas, pero especialmente en los casos de sobrevivientes del abuso traumático.

1. No reciba pacientes cuando se encuentre solo en la oficina. Puede asustar al paciente en cuanto a su seguridad personal, o puede motivar al paciente a tener fantasías sobre una relación sexual o “especial” con el terapeuta. También implica cierto riesgo para el terapeuta. Si un paciente enojado o confundido presentara cargos de conducta sexual inapropiada, resultaría más difícil para el terapeuta refutar tales acusaciones no habiendo testigos a su alrededor y en caso de que el paciente se volviese extremadamente perturbado o amenazante durante la sesión, no habría nadie que pudiera prestar ayuda.

2. No toque al paciente – nunca – sin pedir su permiso; ello incluye dar la mano. Los adultos criados en familias narcisistas tienen dificultad para establecer límites personales. Podrían tener dificultad en expresar que no desean ser tocados, lo que no significa que ello no los asuste, que el terapeuta tal vez busque contacto sexual o que se sientan agredidos por cualquiera contacto físico. Una de las cosas que el terapeuta puede hacer por el sobreviviente es estableces la pauta que el paciente es dueño de su propio cuerpo y que tiene todo el derecho en dictar quién, cuando y como puede ser tocado.

3. Sea cauteloso al abrazar al paciente, aún si se lo pide. Algunos terapeutas tienen tacto suficiente como para saber cuándo y cómo abrazar a los pacientes para que sea apropiado, no-sexual y beneficioso. La mayoría de los terapeutas sin embargo, no lo tienen. Vayan siempre en dirección a lo más seguro, tanto para el terapeuta como para el paciente; en caso de duda, no lo haga. Hay menos daño hecho siguiendo la norma tradicional de evitar el contacto físico con el paciente que al hacer un contacto inapropiado.

Existen aquí medidas de seguridad que se aplican tanto a los pacientes como a los terapeutas. En nuestra consulta, algunos de nosotros nos gusta abrazar, pero a la mayoría no. El abrazo puede fácilmente estimular fantasías de contacto sexual o inicio de una “relación especial”. Así mismo, el hecho que el paciente haya querido ser abrazado una vez no quiere decir que no se sobrepasará su límite la siguiente vez que sea abrazado. Ese “siguiente abrazo” puede ser desaprobado, o percibido como invasor o amenazador, así que dar un abrazo al “final de cada sesión” o “cuando el paciente llora” o cuando se presente cualquier tipo de ritual puede presentar problemas para el paciente.

Puede también presentar problemas para el terapeuta. En terapia, un exceso de involucramiento puede ocurrir fácilmente y cuando ocurre el contacto físico entre el paciente y el terapeuta – de cualquier forma – pueden presentarse problemas para el terapeuta. Lo mismo que los pacientes fantasean sobre una relación “especial” con su terapeuta, lo contrario también es cierto. Nadie puede salir beneficiado si el terapeuta se involucra emocionalmente con el paciente; si el contacto físico facilita un enredo emocional, debe de parar.

Cómo debe cuidarse el terapeuta

Existen un número de artículos y libros en desarrollo que tratan el tema del agotamiento y cuidado del terapeuta (vea la bibliografía). Recomendamos vivamente a los terapeutas que atienden a sobrevivientes de familias narcisistas abusivas que dispongan de estas y demás fuentes. En nuestra experiencia, los terapeutas no se cuidan apropiadamente de si mismos. Si realizan sesiones privadas, no programan horarios razonables para comidas y descanso. Programan el horario para sus pacientes, y a menudo para sus esposas/os e hijos, pero rara vez para ellos mismos, para estar solos, meditar y estar en tranquilo.

Es importante recordar que una de las funciones críticas que los terapeutas realizan es modelar las habilidades que quieren que aprendan sus pacientes. En parte, ayudar a los pacientes a confiar en si mismos se aprende confiando de forma progresiva en su terapeuta y en su habilidad de cuidarse a si mismo. Recientemente, uno de nosotros tuvo que cancelar una sesión de terapia de grupo debido a enfermedad.

Cuando el grupo se reunió la siguiente semana, varios miembros (todos de familias narcisistas) comentaron cuán contentos estaban por la cancelación. Personalmente estaban decepcionados que no hubiese reunión de grupo pero sintieron que el terapeuta estaba demostrando que se cuidaba a si mismo, una habilidad que trataban de aprender. “Médicos, sánense” es un consejo importante para todos los terapeutas.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Toma de decisiones y aplazamiento de la gratificación

Stephanie Donaldson-Pressman, Robert M. Pressman
Narciso y Eco. El Sistema Narcisista Original
El Modelo de la Familia Narcisista - Capítulo VII
La Familia Narcisista - Diagnóstico y Tratamiento
Editorial: Jossey-Bass


Los adultos que han sido criados ya sea en un sistema de familia abiertamente o encubiertamente narcisista han aprendido a no confiar. Tal vez tengan una serie de comportamientos que etiqueten de confianza – incluyendo una forma poco juiciosa de darse a conocer ante los demás, la creencia inmediata y total en lo que otra persona dice sin datos que lo respalde, o la ingenua creencia que otra persona pueda cubrir todas sus necesidades o resolver todos sus problemas – pero cuando estas relaciones se resquebrajan (como invariablemente sucede), vuelven a su antigua visión del mundo: “no puedo confiar en nadie, porque siempre que lo hago, salgo herido”.


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La confianza genuina es algo que se aprende en la niñez. Desde luego, la familia narcisista no es un buen lugar para aprender a confiar ya que a los niños no se les proporciona la oportunidad de aprender acerca de sus sentimientos y necesidades de manera consistente y por tanto no pueden aprender a confiar en si mismos – sobre su validez, percepciones, carácter, singularidad, habilidades o valor. Sin la confianza esencial (en si mismos), la toma de decisiones que involucra la habilidad de realizar planes a largo plazo (la cual se basa en el aplazamiento de la gratificación) se vuelve difícil. Ponerse a trabajar hacia una meta sin obtención de gratificación inmediata significa que uno confía en el resultado final: la confianza en si mismo de lograrlo, y confianza en que los demás no “cambien las reglas” o presenten obstáculos insuperables.

En la familia narcisista, las cosas suceden más o menos según el capricho de los padres. Se hacen promesas, pero tal vez no se cumplan. Además, es difícil para el niño predecir si una promesa en particular se va a cumplir, porque él o ella no entienden que la base de la toma de la decisión depende de las necesidades de los padres. Considere el siguiente ejemplo:

Billy: ¡Papá! ¡Mamá! Tengo aquí mi calendario de partidos de béisbol. ¿Pueden ustedes asistir a todos mis partidos este año?
Papá: Claro que si campeón. ¡No me perdería la oportunidad de ver a mi chico convertirse en estrella!
Billy: Papá, no soy exactamente una estrella. Juego fuera de campo.
Papá: Bueno, trabaja duro, y pronto serás el lanzador.
Billy: ¿Realmente irás a todos mis partidos? ¿De verdad?
Papá: Claro que sí. Siempre que podamos.
Billy: ¿También Mamá?
Papá: Cielos, Billy…hemos dicho que ahí estaremos.

La promesa es que Mamá y Papá asistirán a todos los partidos de béisbol de Billy. Esta promesa se repite en cada partido para los siguientes cinco partidos; se cumple en ocasión de dos partidos, y en los otros tres no. Billy no puede predecir si realmente sus padres estarán en determinados partidos o no, porque siempre prometen ir pero a menudo no van. No entiende porqué vienen o no vienen. No parece estar relacionado con el clima, ya que una de las veces que se presentaron hacía un tiempo, pero otra vez estaba lloviendo. Tampoco está relacionado con la enfermedad puesto que Mamá tenía la gripe en un día soleado pero de todos modos fue. Billy aprende de esto que no puede confiar en planes a largo plazo, en la palabra de sus padres, en su capacidad de influenciar de manera positiva su entorno y por tanto a si mismo.

Lo que Billy no entiende es que en las ocasiones en que Mamá y Papá se presentaron, sus necesidades accidentalmente coincidieron. La ocasión en que Mamá tenía la gripe, ella y Papá se encontraron con amigos en el partido. La vez que fueron lloviendo, parecían “superpadres” que fueron aprobados por el entrenador por estar ahí a pesar del mal tiempo. Las veces que no fueron, fue porque no les suponía recompensa alguna. Como no querían ir buscaron excusas, y se disculparon, le pidieron a Billy que lo entendiera, y se irritaron y al final se enojaron porque él no lo entendía. En ningún momento tomaron en serio su necesidad de tenerlos ahí, o en su necesidad de poder contar con ellos y confiar en sus promesas. Por tanto nunca pudo relajarse o hacer planes a causa de la aparente inconsistencia de sus padres.

En un sistema familiar saludable, los padres hubieran preguntado a Billy si quería que asistieran, hubieran toma en consideración su necesidad expresa (sea lo que fuere) y hubieran hablado de forma realista de sus propias limitaciones. Contrasten con la manera en que los padres de Johnnie manejan la misma situación.

Johnnie: ¡Este será un gran año! ¡Tenemos el mejor equipo de la liga! Y sé que estaremos en la final este año. ¿Tú y Papá vendrán a mis partidos, cierto?
Mamá: ¿Te encantaría tenernos ahí, verdad? ¡Es lindo saber que los padres son requeridos!
Johnnie: Es más divertido cuando sé que están ahí. Me hace sentir - importante, creo.
Mamá: ¡Eres importante – creo!
Johnnie: (riendo) ¿Bueno, pueden ir a todos mis partidos?
Mamá: No lo sé, cariño. Depende de cuántos partidos coinciden con el trabajo. Tengo una idea: porqué no traes tu calendario y podemos echarle un vistazo y marcamos los partidos en el calendario de la cocina. Entonces podemos planear quién puede ir a determinados partidos. ¿Está bien?
Johnnie: Si. Esa es una buena idea. ¿Pero qué hay de los partidos cuando estés trabajando?
Mamá: ¿Bueno, porque no piensas en algo para que te sientas importante en esos partidos también?
Johnnie: ¿Como qué?
Mamá: ¿Acaso me parezco a Johnnie? ¡Dímelo tú!!
Johnnie: ¿Bueno…quieres decir algo como…llevar a un amigo? ¿O salir a comer pizza después?
Mamá: Si. Algo como eso. Estoy segura que podremos arreglar algo. Por cierto – seguiría estando orgullosa de ti, aún y si no llegaras a la final. Estoy orgullosa de ti ahora mismo.

En este escenario motivaron a Johnnie para que expresara sus sentimientos y deseos que fueron validados por su madre. Recibió un trato respetuoso y realista: Ahora sabe con lo que puede contar – está marcado en el calendario. No ha sido ignorado y tampoco le han puesto el mundo a sus pies. Sabe que es valioso por si mismo, no sólo por sus logros. Le dieron la oportunidad de hacer algunos planes por su cuenta. Si los padres se adhieren a este calendario con cierta frecuencia, Johnnie aprenderá a confiar en ellos, en si mismo y recompensas a largo plazo.

Sin embargo, los Billys de este mundo, tal vez no desarrollen esa confianza esencial. Puede que Billy aprenda, justo como la canción que “el mañana nunca llegará”: ¡si realmente quieres algo, es mejor que lo agarres ahora mismo! (1)

El Arreglo Instantáneo

Las familias disfuncionales producen personas que necesitan gratificación inmediata – el “arreglo instantáneo”. Estas personas no tienen confianza en su capacidad esencial para triunfar, así que buscan maneras inmediatas para hacerles sentir mejor; comida, alcohol, gastar dinero, y el sexo siendo las más comunes. Todos estos “arreglos” pueden llevar a sentimientos de auto-aborrecimiento y depresión, lo cual lleva a la necesidad de más arreglos para salir de la depresión, lo cual lleva a más depresión. Como lo mencionó un paciente: “Tuve que beber para resolver los problemas causados por la bebida”.

En una era de soluciones en treinta segundos de televisión, imágenes de cuerpos poco realistas, violencia aleatoria en la vida real (aún a nivel de educación primaria),control escaso de armas, preocupación por el sexo y la violencia en los medios y en la industria del entretenimiento, accidentes nucleares, discriminación institucionalizada, fuerzas policíacas fuera de control y la decadencia de la religión organizada y del núcleo familiar, los arreglos instantáneos no sólo son alentados sino que resultan muy atractivos. Todas estas personas que hemos tratado tienen problemas con el aplazamiento de la gratificación, y todas tienen problemas con al menos uno de los “Tres Grandes Sustitutos”: alcohol y drogas, comida y despilfarro de dinero. Después de todo, en un universo escalofriante y caótico, uno cuenta con lo que más fácilmente puede controlar.

Incluso a principios del siglo pasado, Jung escribía acerca de sus preocupaciones con la dirección que la sociedad estaba tomando: el alejamiento de la educación espiritual hacia comportamientos auto-destructivos.

Todas las eras anteriores creían en dioses de una forma u otra. Sólo una potenciación sin paralelo del simbolismo podría permitir que redescubriésemos a los dioses como factores psíquicos, es decir, como arquetipos del inconsciente (2).

Al relacionar las teorías de Jung con la presencia creciente de adicciones orales (desórdenes alimenticios, abuso de alcohol, fumar) nos da a todos los que como nosotros trabajan en el campo de la salud mental mucho que pensar. Alargaríamos esta tesis para incluir a la familia narcisista. Dentro de esta estructura familiar, no es posible que el niño tenga confianza en la constancia o curso de acciones de los padres, ya que ignora sus motivaciones. Entonces, sólo queda orientado hacia el desarrollo de creencias que le permiten controlar el exterior – comida, drogas, gastar y sexo.

Tratamos con un número significativo de adultos procedentes de familias narcisistas que son bulímicos. Su patrón más común no es llenarse de comida y después purgarse, sino llenarse de comida y hacer dieta. Necesitan el arreglo instantáneo, así que se llenan de comida; después se sienten culpables y avergonzados, así que pasan hambre. Entonces se sienten privados y deprimidos, entonces comen de nuevo para sentirse bien. Ya que están siendo motivados por el exterior además de la escasa percepción de su valía inherente, observan imágenes de modelos o de mujeres en la televisión y se sienten poco atractivos, y vuelven a pasar hambre. Con muchos de estos pacientes se trata de un patrón de alimentación de por vida (3). Están reacios a mencionarlo en terapia. Racionalizan que no es peligroso, ya que no vomitan. Creemos que también temen que el terapeuta los obligue a renunciar, y no conocen otra manera de vivir. En el curso de la terapia, es importante que los terapeutas exploren los patrones de estas personas en las áreas de los “tres grandes sustitutos”, ya que a menudo, sólo el establecimiento de una relación terapéutica sólida puede impulsar a los pacientes a vencer su vergüenza y confesar dichos comportamientos disfuncionales.

Distorsión de la Realidad

Por su carencia esencial de confianza, muchos pacientes de hogares narcisistas no tienen fe ya sea en las metas a largo plazo o en su habilidad para sostenerlas. La baja auto-estima conforma el problema. Luego, como si todo esto no fuera suficiente, tienen con frecuencia una visión seriamente distorsionada de la realidad. Tienden a ver a los demás como más atractivos, más capacitados, más todo de lo que son. Para ellos, es inconcebible el que cualquier otra persona pueda sentirse insegura, o impopular, o gorda, o cualquier otra forma de sentirse “menos que” a como se sienten ellos. ¡Es irónico que los adultos procedentes de familias narcisistas sean más egocéntricos con su preocupación de inferioridad que con cualquier otra cosa! Están convencidos de ser defectuosos de forma especial y única – que mientras los demás cometen errores ocasionales, sólo ellos comenten errores imperdonables. Estas personas lo creen realmente y creen de verdad en el cuento de hadas sobre la Familia Brady (o la Familia Cosby), la “familia de los demás”. Cuando encuentran dificultad al enfrentarse a algo, suelen estar convencidos que cualquiera en una situación similar, lo haría o hubiera podido hacerlo mucho mejor.

Por tanto, como mencionamos en el Capítulo Cuatro, efectuar la comprobación de la realidad constituye una parte significativa de la terapia entre estos pacientes. Es asombroso enterarse de las suposiciones erróneas que asumen, contra las que se miden ellos mismos posteriormente incrementando así su propia carencia.

La Historia de Bárbara. Bárbara es una bibliotecaria de cincuenta años que inició terapia por su problema generalizado de ansiedad. Fue criada en un hogar étnico altamente funcional, donde los niños eran tratados como príncipes y las niñas como si fueran invisibles.

Como niña adulta de una familia encubiertamente narcisista, Bárbara no recuerda haber recibido nunca un cumplido. Fue una estudiante perfecta, fue a la universidad con beca, obtuvo un trabajo una vez licenciada, y continuó trabajando hasta que se casó y tuvo dos hijos. Cuando se divorció, crió a los pequeños por su cuenta. Los dos hijos fueron ejemplares; Barbara nunca le pidió ayuda a sus padres que tampoco se la ofrecieron. Todavía seguía siendo la “hija buena” (visitando a los padres cada domingo, haciendo sus compras en el mercado, cuidándolos en la enfermedad) y tratando de obtener reconocimiento de sus padres cuando se presentó en terapia.

Barbara progresó rápidamente en terapia, y fue en su última visita que “confesó” su verdad más vergonzosa – no tenía amigas intimas. Su terapeuta se quedó sorprendido con esta revelación, a decir verdad, ya que Barbara parecía tener un amplio círculo de amigas, haciendo a menudo referencias a citas para el tenis, desayunos, viajes de compras- todo tipo de eventos sociales, así como contactos telefónicos frecuentes. Cuando se le cuestionó, Barbara sollozó, y habló de una película llamada Una Mujer Soltera que había visto a comienzos de los setenta (4). Según Barbara, en esta película la heroína, una mujer en proceso de divorcio, tenía un grupo de tres amigas con quienes se veía cada viernes por la noche en el mismo restaurante, y se contaban entre ellas todos los detalles de sus vidas íntimas, y se ayudaban mutuamente todo el tiempo. Sin importar lo que estuviera sucediendo en sus vidas, este grupo de amigas cuando se reunían se involucraban emocionalmente al cien por cien las unas con las otras.

Después de ver esta película de fantasía Hollywoodiense de 120 minutos, Barbara sacó conclusiones acerca de su propia valía y de sus relaciones: no era una buena amiga, no tenía amigas de verdad, y todas las demás mujeres tenían amistades como las que observó en la película. Veinte años después, esta mujer inteligente y educada se impresionó al enterarse que eso simplemente no era cierto. No sólo no pertenecían todas las mujeres a un grupo como ese, sino que el terapeuta no conocía a ninguna mujer así. Barbara dejó la sesión sintiéndose en la cima del mundo. ¡Era bueno dejar de tener esa ansiedad penetrante, y hay más aún, era mejor saber que tenía muchas buenas amigas! Era probablemente la información más relevante que Barbara obtuvo de la terapia, y poco faltó para que no la tuviera.

Expectativas Poco Realistas

Como observamos en la historia de Barbara, una visión distorsionada del mundo lleva a los adultos de familias narcisistas a tener expectativas poco realistas para ellos y para los demás. Cuando combinan esto con su falta de confianza en los resultados a largo plazo y su inhabilidad para establecer límites realistas, estas personas frecuentemente se caracterizan a si mismas como cobardes, indecisas o perezosas. Su ya baja auto-estima se hunde aún más porque no pueden llevar un proyecto a cabo. Estas son algunas de las descripciones personales que hemos escuchado de pacientes:

“¡Soy un emprendedor olímpico – pero no puedo acabar nada!”
“Soy la reina de los proyectos sin acabar”
“Creo que soy un débil. Cuando las cosas se ponen arduas, huyo”
“¡Inicio proyectos con muchísimo entusiasmo! Pero luego – no sé- simplemente pierdo interés”
“Es como si juntara el valor y empezara. Pero luego, tan pronto como surja el más mínimo problema, o si alguien no se comporta adecuadamente, aplaudiéndome, pierdo el interés. Me asusto. Tengo que comenzar otra cosa.”
“He hecho una carrera de ser el número dos.”
“Tal vez soy genéticamente anormal. Me falta el gen de la tenacidad”.
“¡Me odio por ser tan perezoso! Todos parecen poder hacer sus cosas. Lo intento, pero no puedo. Creo que soy una perezosa holgazana” (Este era el apodo frecuente que la daba su madre).

Mi Viejo Yo, No Es De Fiar

Es interesante, después de escuchar a un paciente recitar su letanía familiar sobre lo cobarde, desconfiado, débil y perdedor que es, preguntarle si es posible que sencillamente haya cambiado de opinión. Pudiera ser que, basado en la información que obtuvo después de iniciar el proyecto (ganchillo, curso de belleza, escuela de abogados o la armada), se diera cuenta de que aquello no coincidía con sus expectativas en aquel momento y que ese fuera el motivo por el que lo abandonara. Pudiera ser que esta información fuera difícil de verificar antes de comenzar y experimentar el proyecto (por ejemplo ¿alguien ha hecho algún estudio sobre estudiantes de medicina que han abandonado porque descubren que no pueden soportar ver tanta sangre? ¿Cómo hubieron podido saberlo antes de incorporarse en la escuela de medicina?) Tal vez lo que el paciente hizo fuese emitir un juicio maduro y adulto basado en una información nueva.

En realidad, estas personas no están educadas para conocerse. Están criadas para conocer a los demás, para ser capaces de predecir lo que los demás esperan de ellas, y cumplir (o incumplir) esa necesidad explícita o implícita. Por consiguiente, intentan muchas cosas para las que no están preparadas. Durante la época de niñez o adolescencia, cuando los demás niños estaban ensayando varios tipos de comportamientos, provocando desastres y aprendiendo lo que funcionaba en el mundo y lo que no, ellos estaban atendiendo a las necesidades emocionales de los padres. Pero mientras que no pudieron experimentar e intentar cosas nuevas en aquel entonces, ahora sí lo pueden hacer.

Las expectativas poco realistas (vea la sección anterior) sostenidas por muchos niños adultos de familias narcisistas son un campo fértil para meterse en compromisos exagerados de tiempo y energía. Según pensaba uno de nuestros pacientes, si todos pueden hacer estas cosas – trabajar a tiempo completo, criar a dos hijos, mantener la casa, ser el tesorero de la Asociación de Padres y Maestros, liderar una tropa de los boy scouts, dar clases en la escuela de religión, postularse para consejero del pueblo, hornear su propio pan y terminar su maestría – entonces él también debería ser capaz de hacerlo. Cuando se volvía imposible ejecutar todas estas tareas, se sentía desplazado. Sin embargo, la realidad era que sus expectativas fueron poco realistas, no que haya sido deficiente. El trabajo del terapeuta en aquella situación consistió en reflejar la realidad al paciente para ayudarlo a decidir (1) cuales de los compromisos eran esenciales (2) cuales proveían tal grado de satisfacción personal que sería contraproducente abandonarlos, y (3) cuales debía abandonar.

En este caso, el paciente citó el trabajar a tiempo completo y ser madre como compromisos esenciales, y que terminar su maestría era tan “satisfactorio para el alma” que de verdad no quería renunciar a ella. Durante un periodo de dos meses, renunció a todos los demás compromisos. Se estableció una lista de tareas para que el resto de la familia hiciera la limpieza y la mayoría de la comida (no coincidían con sus criterios por lo que tuvo que soltar las riendas en cuanto a sus exigencias), renunció a la candidatura para consejero del pueblo, y encontró a otras personas que cubriesen sus actividades voluntarias. Incluso localizó una tienda que tenía una buena selección de panes. Sin mucha sorpresa, la paciente encontró que era capaz de completar tareas – ahora que tenía un número de tareas más razonable que atender.

Parte de la toma de decisiones de forma responsable depende de la habilidad para cambiar la forma de pensar ante informaciones nuevas. No habría progreso en ningún ámbito del esfuerzo si esto no fuera cierto. Resulta pues lógico que las personas deben de comprender que para cualquier situación determinada existen varias opciones viables a tomar en consideración.

Opciones y Consecuencias de la Toma de Decisiones

Comentábamos que los adultos criados en familias narcisistas son personas “todo o nada” (vea Capítulo Seis). Las cosas se ven desde un punto de vista blanco o negro, bueno o malo, con una postura moral que presupone la existencia de una respuesta buena (y mala) o solución para virtualmente cualquier situación. Metafóricamente, están buscando algo en la escala cósmica que clasifique todos los sentimientos, pensamientos y acciones desde el uno (menos aceptable, malo) al diez (muy aceptable, bueno). Estas son personas cuyo vocabulario diario está salpicado de “debería”. Para personas con esta orientación, el concepto de cometer un error y olvidarlo o aprender de él es absolutamente ajeno. Un error es una cosa mala o equivocada, con fuertes connotaciones de inmoralidad o inclusive de pecado. Si uno comete un error, uno es un error; es otro ejemplo más de la baja auto-estima y deficiencia fundamental. Los sentimientos son irrelevantes. Hacer lo correcto – adivinar acertadamente, cubrir las necesidades de los demás, obtener aprobación – es lo que importa.

Para estos pacientes, el concepto de tener un menú de opciones entre las cuales escoger es ajeno, por no decir extraño. Las opciones no son oportunidades de éxito sino meramente múltiples oportunidades para cometer errores. Después de todo, debe de haber tan sólo una respuesta correcta a cada pregunta. (Con esta actitud, los individuos criados en familias narcisistas deben de ser pobres estudiantes de filosofía.)

Por consiguiente, reconocer que hay opciones a considerar en virtualmente cada situación implica un salto tremendo dentro de esta construcción de pensamiento moralista, (blanco o negro); que esas opciones conllevan consecuencias en si; y que la base de una decisión inteligente depende de la medición de la eficacia de cada opción, teniendo en cuenta como le afectará a uno estas consecuencias – no debatiéndose entre lo acertado o equivocado de una decisión, según estándares externos. Por ejemplo, siempre que usa la palabra “debería”, el paciente esta considerando la decisión en base a un estándar externo, en vez de sus necesidades internas. En nuestra práctica, les decimos a los pacientes que el “debería” en realidad significa “no quiero, pero ellos quieren que lo haga”. El modelo “debería” en la toma de decisiones está muy arraigado en la familia narcisista, donde todas las decisiones se basan en llenar las necesidades de los demás, en vez de las propias.

Como hemos dicho, el concepto de que la vida es una serie de opciones que arrastran consecuencias inherentes no es parte del ambiente cognitivo perteneciente a la familia narcisista. Experimentan una vergüenza tremenda recordando cosas “malas” o “estúpidas” que hicieron en el pasado, sin comprender que llegaron a tomar esas decisiones debido a un largo período de experiencias y entrenamiento. Lo que realmente sucedió es que hicieron la mejor elección que pudieron en base a las opciones que disponían entonces. Estos productos de sistemas narcisistas tienen sin duda menos opciones a su alcance en cualquier momento dado que una persona criada en situaciones familiares más saludables. En familias saludables, los jóvenes van recibiendo crecientes poderes para tomar decisiones a medida que se van haciendo mayores, para que así tengan la oportunidad de experimentar tanto el éxito como el fracaso basado en decisiones tomadas libremente. Este es un concepto a menudo difícil de comprender para los pacientes. Es mucho más sencillo seguir viéndose deficientes y culpables.

La historia de Lennie. Lennie es una mujer delgada y bastante guapa de veinticinco años que trabaja como gerente para una pequeña compañía de software. A la edad de dieciséis años vivía en casa (en un sector pobre de una ciudad industrial del medio oeste) con su padre que trabajaba como obrero en una fábrica, y su madre, ama de casa y tres hermanos. Una noche entró en un bar desafiando un reto que le habían lanzado sus amigos. Ahí conoció a un hombre de veinticuatro años llamado Bill. Aquella noche, Bill se fijó mucho en ella, la siguió a casa, y después se presentó en su escuela, y finalmente la sedujo presionándola para que se escapara con él. La llevó al suroeste, donde vivía con su hijo de edad preescolar, producto de su anterior matrimonio. Durante los casi siete años que estuvieron juntos (finalmente se casaron), la golpeaba y violaba, la aisló junto con el niño, y le prohibió tener amigos o tener contacto con su familia. Durante ese tiempo, la familia de Lennie no hizo intento alguno por contactarla.

Después de varios años, se dio cuenta que Bill “tenía problemas con el alcohol y la cocaína”. Cuando el hijo ingresó en el cuarto curso, Lennie consiguió convencer a su esposo para que la dejara trabajar. Ahí se relacionó con un amigo que la llevaba a reuniones del AI-Anon (grupo para familiares de alcohólicos, N. del T.) durante la pausa del almuerzo, y con el tiempo Lennie se dio cuenta que se encontraba en una situación destructiva, se mudó, y demandó el divorcio.

Cuando Lennie se presentó en terapia, estaba abrumada por la vergüenza y sufriendo una severa depresión. Quería descubrir “qué estaba mal” – cuando en realidad quería decir “porqué se encontraba mal” para no volver a entablar una mala relación. Mediante la terapia, Lennie finalmente se permitió experimentar la pérdida de su hijastro (a pesar de haberlo criado desde los tres hasta los diez años, como madrastra no tenía derecho ninguno, ni siquiera para visitarlo). Entonces fue animada por su terapeuta a explorar otras pérdidas que pudo haber sufrido en su vida.

A pesar de poder lamentar abiertamente la pérdida de su hijo y reconocer que era legítimo sentirse afligida, no podía sentir otra cosa que no fuera vergüenza al volver la vista sobre su infancia y adolescencia. Se sentía avasallada con la pérdida de su adolescencia. La única conclusión a la que podía llegar acerca de si misma era que era estúpida, mala y retrasada No podía conciliar la idea de que su huída con Bill fue un juicio que hizo en base a (1) sus experiencias de vida hasta ese momento (2) y a las opciones disponibles que tenía en esa época.

Para ayudar a que pacientes como Lennie conceptualicen mejor la dificultad que tienen en identificar y considerar opciones, hemos desarrollado una herramienta de aprendizaje que llamamos “la Historia del Morado”. El terapeuta de Lennie la contó al llegar a ese punto de la terapia.

La historia del Morado. Había una vez un gran país llamado Morado. ¡Se llamaba Morado porque todo ahí era de hecho, morado! El pasto era morado oscuro, el cielo tenía un morado rosado, las vacas eran morado pálido con manchas color malva, y los tres soles y trece lunas eran morados. El agua era morada pálida, y la comida tenía sombras moradas que oscilaban desde el color lavanda hasta ciruela. Incluso la gente tenía distintos tonos de morado. Todo era morado. ¡En este país, no sólo no existían otros colores, sino que nadie sabía que otros existiesen!

¿Crees que en ese país – donde todo es tan morado como pudiera serlo – que algún día, una joven persona morada se levantaría de su cama morada, con su ropa morada y mientras estuviera cepillándose su morado cabello, se mirase en el espejo y decretara, “creo que me sienta mejor el verde”? (en ese momento la mayoría de los pacientes “lo entienden”, y provocas algunas risas).

La respuesta es ¡Por supuesto que no! El verde no es una opción.

De vuelta a Lennie. Finalmente Lennie fue capaz de entender la dinámica que operaba en su familia encubiertamente narcisista. Sus padres fueron forzados al matrimonio por un embarazo no deseado. No había intimidad en esta familia, no se hablaba de los sentimientos, y no había cabida a la individualidad de ningún tipo. En casa, la atmósfera era tan tensa, tan espesa con sentimientos no expresados y resentimientos, que Lennie recuerda siempre estar deseando no estar ahí. No podía esperar a irse de casa.

En esta familia narcisista, el papel de los niños era no formar revueltas y cumplir las expectativas de los padres. Los padres estaban empeñados a que sus hijos “tuvieran una mejor vida que la suya” pero en la práctica estaban resentidos con ellos; ambos padres eran mártires de su familia por elección propia. Los hijos tenían un número de oportunidades a su alcance, pero las hijas sólo tenían dos: (1) graduarse para ingresar a la universidad local, vivir en casa y dedicarse a las labores caseras; o (2) terminar sus estudios obligatorios, casarse, ir a vivir al hogar del marido y dedicarse a las labores caseras.

En ejercicios de interpretación de roles con Lennie, su terapeuta exploró la clase de conversación que otra adolescente hubiera podido tener con sus padres. Estas incluían exploración de opciones tales cómo encontrar un trabajo, encontrar un amigo con quien compartir un piso y los gastos, o simplemente hablar de sus sentimientos ambivalentes acerca de su ingreso a la universidad local. Lennie cayó en la cuenta que ninguna de estas opciones estuvieron a su alcance. Su situación era la de una muchacha brillante y creativa, atrapada en una horrible escuela, en un barrio sin salida y que no podía imaginarse otros cuatro años más de clases aburridas y ser la sirvienta de su padre y hermanos. Así, la opción número uno (la universidad) estaba descartada; eso la dejó con la opción número dos (un hombre).

Lennie fue capaz de ver que en realidad había estado tratando, salvo algunos detalles, de cumplir con las expectativas de sus padres al abandonar la casa versus huir con Bill. Se quedó impactada al darse cuenta que este acto – el cual siempre consideró como prueba incontrovertible de su estupidez y maldad – se realizó utilizando una puerta trasera para cumplir con las obligaciones de sus padres y cubrir sus necesidades. Si hubiese tenido la opción de “irse de casa, obtener un trabajo, compartir un piso con un par de chicas, tal vez apuntarse a cursos nocturnos universitarios”, lo hubiera hecho.

Como Lennie mencionó al final de la sesión de la “Historia del Morado”: “¡Nunca entendí porqué había huido con él! Nunca fui una niña rebelde. Siempre fui tratada como tal, pero nunca lo fui. Nunca hice nada malo. ¡En realidad era una buena chica! (entonces llora). Sabía que no era amor, y estaba tan asustada. Cuando me dio el ultimátum, “ahora o nunca”, sabía que era descabellado. Estaba a un mes de graduarme. Pero pensé que tenía que hacerlo. Sabía que no podía ir a esa universidad tan aburrida. ¡Y los chicos que conocía….uf! Eran inmaduros y aburridos. No sé. Parecía que…no había otra opción para escapar…salvo Bill. ¡Dios mío, si me lo hubiera pensado…ser capaz de tener un empleo y un piso, hubiera atrapado la oportunidad al vuelo! Era tan estúpida…no, no fui estúpida. Usted tiene razón. Nunca reflexioné porque no figuraba como opción. No en mi familia. Dios mío, no era tan estúpida. Simplemente no era una opción.

Conclusión

Los pacientes responden bien ante la premisa que la toma de decisión o plano a largo plazo, aplazamiento de la gratificación, terminación de proyecto – o como quiera llamarlo - es una habilidad que se aprende. En este contexto usamos un enfoque sin prejuicios y libre de culpa. No es que sus padres hayan sido necesariamente malos, sino que fueron incapaces de enseñar habilidades importantes en esta área; no estamos hablando de un fracaso moral sino de un déficit educacional.

La mayoría de los pacientes se identifican con esto. No es demasiado espantoso; después de todo, todos tenemos deficiencias en algunas áreas. Uno de los autores de este libro tiene falta de ortografía abominable, pero afortunadamente, tiene un procesador de palabras que puede corregirla. La otra no puede entender cómo funciona la electricidad (“¿quieres decir que no es magia?”) pero puede contratar a un electricista.

Sin embargo, existen algunas habilidades que necesitamos aprender para tener una vida productiva. Completar las tareas (y la habilidad que implica el aplazamiento de la gratificación) es una de ellas. Al paciente le decimos, “Usted no aprendió en aquel entonces, pero ahora puede. Ahora usted es un adulto y tiene elecciones y opciones”. Enfatizamos que tomar buenas decisiones involucra buscar todas las alternativas posibles en cualquier situación, y luego tomar la decisión basándose en la mejor opción para uno mismo. Es necesario tener metas (dónde quiero estar) y luego ser capaz de medir estas opciones de acuerdo a las metas (¿acaso me ayudará esto a acercarme más a donde quiero estar?). Si la respuesta es sí, probablemente esa sea la mejor opción en ese momento.

En terapia, subrayamos que siempre hay riesgos con la toma de decisiones. Se pueden cometer errores. De hecho, aprendemos mucho más de nuestros errores que de nuestros éxitos, así que en realidad son experiencias de aprendizaje disfrazadas. Mientras que esto puede sonar un poco a Mary Poppins, no por eso es menos cierto. No correr ningún riesgo, sin embargo, es quedarse estático, atascarse. Por supuesto, ese es el mayor error y el dolor que eso provoca es lo que suele atraer a la gente a terapia.

Cuando se les puede mostrar a los pacientes la relación entre lo que ellos experimentaban de niños y lo que están haciendo y sintiendo ahora, son capaces de sentirse menos deficientes. Pueden admitir la posibilidad de cambio. Se les puede dar herramientas para cambiar y motivarlos a tomar la responsabilidad para que el cambio suceda.